DRUBLUTZ


DRUBLUTZ
El camino me lo indicaba una dirección interna en mi espíritu, pero externamente estaba cubierto de nubes densas; prácticamente andaba como un ciego guiado por cierta intuición a la deriva.
De pronto desaparecieron las nubes y surgió una senda despejada entre una llanura infinita.
Abruptamente llegué a un abismo que hube de bajar con extremo cuidado, entre ásperas rocas.
Una vez abajo, a orillas de un lugar inentendible, una puerta se abrió.
Salió él; su fisonomía era tan extraña como intimidante, y dijo: «No tengas miedo; me cubro con esta apariencia para apartar a los que no son. Y no has hecho más que seguir mi orden; sin tu afinidad telepática no habrías escuchado mi llamado». Y me señaló al cielo.
Un color azufre, con su olor, teñía las nubes.
«Se acerca el momento», dijo.
«Yo, Drublutz, sólo he querido tantear tu obediencia; así se capta el temple de quienes serán enviados a prevenir al mundo», y su cuerpo de criatura extraterrestre moderó esa extraña expresión que parecía una mueca amenazante.
Su cabeza como de capucha se movía a manera de antena oteando algo.
Realmente yo no entendía nada. En tanto, una lluvia torrencial se precipitó; el color y olor a azufre dieron paso a un vapor color oro reluciente. No había nada más, el resto del mundo había desaparecido.
De entre lo espeso de eso, apareció él.
«Yo, Drublutz, te mostraré el no-tiempo en la muerte cataléptica; si resistes la prueba, volverás a tu mundo, allá se te dirá qué hacer. El cielo de azufre envenenará todo, pero tú señalarás el camino a los escogidos en tu pequeña región de mortales. Otros completarán el mismo trabajo hasta reunir el guarismo necesario, y el mundo tendrá otra oportunidad en el tiempo que le ha sido adjudicado».
…Yo tenía la sensación de disolverme en un color amarillo luminoso…
***RVQ**



