Desde ya anuncio por quién votaré



Desde ya anuncio por quién votaré
De acuerdo con el calendario electoral, ayer 27 de junio inició el periodo de un mes para la inscripción de candidatos y listas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil. A partir del 31 de julio se podrá realizar la propaganda electoral a través de los medios de comunicación.
Como esta será la gran oportunidad que tenemos los ciudadanos de aportar nuestro granito de arena para contribuir al futuro de nuestro municipio y departamento, he decidido con mi familia, que es grande, y de común acuerdo con mis amigos que quieran, embarcarnos en una gran campaña cívica para diseñar nuestro voto de manera responsable, metódica y razonada, para no coadyuvar más con este despelote de país que tanto preocupa a todo el mundo, y ojalá se hiciera así en los otros 1.100 municipios de Colombia.
Por eso les anunció por quién votaré el próximo domingo 27 de octubre.
Únicamente votaré y acompañaré candidatos que tengan compromisos serios con las comunidades por sus antecedentes en gestión pública y que puedan demostrar su persecución y crítica a los corruptos y que no tengan ni hayan tenido investigaciones por inexactitudes administrativas. Que no estén rodeados por personas de dudosa condición socio-económica con intereses creados en la administración pública. Si no existe esta clase candidato no votaré… ¿para qué?
Votaré por aquel que haya demostrado alta solidaridad social, que tenga la formación suficiente para liderar la comunidad, por aquel de quien yo mismo pueda demostrarme que para ese candidato lo primero es lo social. No votaré, ni le haré campaña a quienes prometan puentes, escuelas, carreteras, edificaciones, acueductos, pavimentaciones para contratar, ni por quienes presenten planes de gobierno copiados y pegados por su buena literatura, u ofrezcan planes de desarrollo que podrían ser excelentes para Finlandia, Suecia, Noruega o Canadá, pero que no consultan las esperanzas y necesidades inmediatas del ciudadano de a pie; tampoco lo haré por aquel que nos enrostre una hoja de vida llena de títulos y magísteres que no sirven sino para su propia vanidad.
Votaré y le haré campaña a personas transparentes, que con los escasos recursos que van a administrar, sean capaces de garantizar la salud pública, poner a beber agua potable a su población, que nos permitan la movilidad ágil por calles y vías para automotores y andenes y espacios públicos para peatones, especialmente para personas con limitaciones físicas. Y ante todo, votaré por quien esté en condiciones de trabajar intensamente por la convivencia cívica en paz, y la masificación de la cultura.
Votaré por un candidato (me fastidia utilizar ése lenguaje que denominan políticamente “incluyente”) a la Alcaldía, uno al Concejo, otro a la Asamblea y por uno a la Gobernación, que sepan cómo se proyectan y ejecutan políticas públicas que garanticen el acceso de la población al trabajo, a la alimentación y a la vivienda, al aumento de las tasas de escolarización y a la calidad de los contenidos, a niveles oportunos y adecuados de atención en salud, que sepa cómo puede la administración pública contribuir al mejoramiento de la renta media por habitante. Y que sepa qué debe hacerse en otros aspectos como la estabilidad política local y la igualdad de oportunidades; que nos diga cómo va a logar un bajonazo en las tasas de criminalidad garantizando la seguridad comunitaria; además, que se la juegue por el respeto al medioambiente.
Es más, votaré por ese candidato que se comprometa a mantener muy bien informado al ciudadano, de manera permanente, sobre cómo es que se ejecuta el presupuesto, es decir, que le brinde a la comunidad la oportunidad de llevar una cuenta casera de cuánto y en qué se gastan los recursos que administran la Alcaldía y la Gobernación y cuánto va quedando en cada rubro luego de cada inversión. Eso es fácil (sumar, restar y saldo).
Lo que ocurre es que la técnica de los corruptos es complicarlo todo de tal manera que nadie les entienda, ni siquiera los fiscalizadores a quienes he visto más enredados todavía que los ejecutores. Eso debe ser clarito, fácil y oportuno. Es decir, que el candidato sea absolutamente transparente y no tenga que estar echando cuentos y andando con marrullas para enredar clientes dándoselas de sabihondo para que nadie se le acerque. Por ese marrullero no votaré… ni le haré campaña. Necesitamos creatividad, sentido común y una inversión financiera responsable.
Repito, el candidato deberá ser capaz de denunciar la corrupción y enfrentar con valor a la delincuencia presentando proyectos eficaces para superar el temor cotidiano de los ciudadanos. Votaré, y le haré campaña al candidato que se comprometa públicamente a echar de los cargos a los reconocidos mandos medios, no sometidos a elección, que impulsan la corrupción al interior de las administraciones, y que se han vuelto intocables porque están supuestamente protegidos por la “carrera administrativa”; este cáncer no ha estado sometido a la autoridad nominadora y por eso a veces cambian las decisiones del alcalde o gobernador, inclusive desde el Concejo y la Asamblea, en beneficio privado.
No votaré por quien haga otra vez las promesas que cada cuatro años escuchamos para engañar incautos, porque sé que son muchos los que ya se alistan para cazar ingenuos, y con bolsillos llenos de dinero para comprar infelices y electores que se venden irresponsablemente en perjuicio de los honestos. No votaré por aquellos que reciben la financiación de sus campañas de quienes aspiran a ser contratistas del Municipio o del Departamento, porque cuando se posesionen en sus cargos comienza el desfalco del erario para recuperar, multiplicada exponencialmente, la supuesta “inversión” previa que hicieron. La corrupción empieza desde la campaña.
Votaré por quien anuncie con anticipación cuál será su equipo de gobierno porque dependiendo de las asesorías o competencias de cada especialidad administrativa se sabrá hacia dónde nos dirigiremos. Por ejemplo, en Secretaría de Gobierno, que tiene la gran responsabilidad de coordinar con las fuerzas armadas la garantía de paz y sana convivencia; en Planeación, para conocer quién ejecutará el progreso de la ciudad, pues en Santander de Quilichao hace unos años esa oficina se había convertido en la empresa criminal de enriquecimiento ilícito de quien ejercía el cargo, y así, en cada dependencia.
No me gustan las sorpresas en asuntos de tanta responsabilidad, porque además tenemos que saber quién se va a hacer cargo directo del control al microtráfico, quién se va a hacer cargo de proyectos sobre consumidores de drogas, cómo se van a evitar los altos indicadores de violaciones a niños, igual que las amenazas, las desapariciones forzadas, la indignidad y el sometimiento al crimen, quién va a ejecutar las obras públicas, etc.
Además, tendré en cuenta qué criterios mueven a los candidatos frente a las políticas públicas del Gobierno Nacional y qué tiene previsto para ejecutar a través de gestiones interinstitucionales del orden nacional e internacional sobre temas que afectan directamente a nuestras comunidades…
Mejor dicho, tenemos que seguir hablando porque llegó la época del ciudadano, que tiene en sus manos una herramienta capaz de definir su futuro, y esta oportunidad no la puede desechar, tomarla a ligera, y menos, desaprovecharla.
Aún tenemos cuatro meses más para diseñar la decisión que más favorezca a nuestra familia, a los vecinos de la cuadra, al barrio, a la vereda, al municipio y en general, a nuestro departamento.
Si es mucho pedir, no votaré, porque, entonces, seguiremos igual o peor de jodidos.
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