Desde la pantalla del fútbol

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¿Por qué gusta el fútbol? Quizá porque no sabemos qué va a pasar, porque es como la existencia en la cual nos encontramos con las jugadas desconcertantes e inesperadas como sucede cuando se tiene la fe que tal equipo ganará el partido sin embargo en los últimos segundos se cambian las cosas, o bien el fútbol nos salva de pensar la globalización, terremotos políticos, huracanes fascistas o tsunamis sociales. Quizá porque la vida cotidiana es prosa, demasiado monótona y sin gracia, se recurre al fútbol donde hay una ruptura con el tiempo del acoso porque somos opacos y se necesitan héroes, o bien porque tenemos la nostalgia del juego, porque no somos animales racionales sino hombres que se caracterizan por la pasión encolerizada por el fanatismo de los comentaristas deportivos. El fútbol permite vislumbrar la perplejidad de los estatus individuales y colectivos, asimismo los azares de la fortuna y el destino. Favorece la reflexión sobre el individuo y el trabajo en equipo, y da lugar a debates apasionados sobre la simulación, la trampa, la arbitrariedad y la injusticia como en la prosaica vida cotidiana, donde crece la costumbre de la cohabitación con lo monstruoso. No obstante, el fútbol hace posible la victoria del dinero sobre el placer.
En las ciudades caóticas: tráfico infernal, mendigos bajo los puentes, del cuchillo brillante del maleante; mientras los hampones de cuello blanco quiebran una institución pública, puede el fútbol ser la explicación, porque en una tarde tediosa de domingo, de lluvia constante bajo un cielo plomizo, o bien en un atardecer de sol calcinante del trópico, de pronto un balón que se refugia en la red roza lo sublime con el grito del Goooool… El fútbol –un deporte colectivo, a diferencia de los deportes individuales- encierra un saber, del cual todo el mundo participa. El hombre común y corriente considera que se debe cambiar de arquero. Está en desacuerdo con el entrenador. Discrepa del comentario del periodista. Maldice al jugador, lo llama petardo. O bien asegura que la insospechada jugada tiene el tinte mágico de un cuento de hadas. Y hasta el presidente de la república tiene la esperanza “de que de pronto” un gol lo saque del atasco… Los estadios se disfrazan para las ceremonias del nacionalismo y los himnos. Brotan los localismos, los desbordes de los fanáticos, que desembocan en gloria, violencia y muerte. Y la metamorfosis del juego ingenuo en el potrero, en la calle desierta, el futbol de barrio, la selección de provincia, el futbol nacional y el fichaje de los afortunados quienes llegan a ser parte del negocio de los inter clubes.
Cosa curiosa: La selección de Brasil viajó a Haití, cuando se le pide a Lulla que envié ejército a la isla caribeña para resolver una situación difícil. Lulla, en lugar de los militares envía a la selección, cubierta de polvo de estrellas…. O aquella tarde fatídica en que un jugador se desangra acribillado. como cualquier John Lennon, porque no llenó la expectativa del fanático.
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