Del matoneo


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Una sociedad verdaderamente democrática debe construirse en un ambiente de tolerancia, de respeto a las diferencias; en el sentimiento de consideración a las personas y si es necesario, en el valor de la compasión.
El matoneo no sólo es un problema de las instituciones educativas sino también de las universidades. Esto quiere decir, que no es asunto de comportamientos de niños y adolescentes sino también de adultos. Se trata de organizar macabras asociaciones para tirarse la vida de las víctimas. Quitarle a las personas la oportunidad del disfrute tranquilo de las enseñanzas que se imparten en los centros educativos, simplemente por tener un físico agradable o por no haber sido afortunados con la estética, por ser pobres, o por ser acomodados económicamente, por pertenecer a una etnia, por ser oriundo de una determinada ciudad o región, por el tipo de creencias filosóficas, políticas o religiosas, por ser hincha de algún equipo deportivo o por simpatizar con algún tipo de música, etc. Se puede decir, que casi por todo se discrimina en este país. Ya son preocupantes los índices de suicidio y el abandono escolar por estas causas.
Hace varios años una adolescente nos comentó que había sufrido la persecución de sus compañeras de estudio simplemente porque era considerada físicamente atractiva. La invitaban a fiestas pero nadie la sacaba a bailar; se preocupaba por andar a la moda y vestida con decoro, sin embargo le ponían peros a su vestimenta. Le salpicaban de tinta la ropa; al menor descuido le trasquilaban el cabello largo y bien cuidado o le pegaban chicle. Al quejarse ante las directivas prácticamente no pasaba nada. Una de sus compañeras, un tiempo después, le confesó sobre la criminal alianza que existía en el curso en hacerle la vida una miseria por pura envidia y que no la sacaban a bailar porque se habían puesto de antemano de acuerdo con los muchachos. Como si fuera poco, comenzó a recibir llamadas telefónicas donde la amenazaban a muerte y que la iban a violar y matar a su familia. Decidió contarle a sus padres y denunciaron a la Policía donde le recomendaron hacer uso de un identificador de llamadas, aparato que apenas llegaba al mercado. Se descubrió que las amenazas y el matoneo procedía de sus mismas compañeras de curso. Se avisó a las directivas pero tampoco pasó nada.
En otra ocasión cuando orientábamos la asignatura “Sociología Jurídica” en una facultad de Derecho, nos correspondió parar en tono enérgico y con argumentos a unos estudiantes que irrespetaron a una simpática compañera que sufría discriminaciones por su tez negra. La estudiante anotó públicamente que ya estaba cansada de soportar las ofensas de algunos de sus compañeros y que le había llamado la atención nuestra intervención al exigirles a aquellos compañeros que la respetaran, porque ese comportamiento de sus compañeros de clase ya era costumbre bajo la indiferencia de los docentes. Cada vez que intervenía o le correspondía participar en clases, era objeto de burlas y ridiculizaciones.
Recordamos también que hace varios años cuando orientábamos la cátedra universitaria “Problemas colombianos” en un último semestre del programa nocturno de Administración de Empresas, nos tocó hacer lo mismo con un grupo de estudiantes, maduros por su edad, en el momento en que un aventajado estudiante intervino con sus importantes conceptos y que fue irrespetado de manera humillante por un grupo de compañeros. Días después nos contó el estudiante ofendido, que estaba aburrido con tantas burlas e insultos de sus compañeros cada vez que intervenía en clases o cuando transitaba por cualquier sitio de la universidad. Se trataba de un tipo brillante académicamente, ya profesional en otra área, además especialista. Pura envidia de un grupo de intolerantes que bajo la incapacidad de participar y aportarle al curso, no permitía que otro lo hiciera. Nos sorprendió después ver a uno de esos intolerantes, mediocre estudiante convertido en docente universitario.
Cada vez se escucha sobre casos de matoneo en todo el país. Esta arbitraria modalidad de comportamiento antisocial que está dejando muchas víctimas sobre todo en la población infantil y adolescente debe desterrarse. La sola legislación no es suficiente. Es necesario que se combata con fuertes sanciones pero también con una pedagogía de respeto y tolerancia entre las personas. Es necesario construir tejido social en una sociedad anómica y descompuesta. La convivencia pacífica será imposible mientras los escenarios donde debiera ser posible la práctica de valores como la solidaridad, la amistad, la inclusión, el respeto y consideración de los demás se utilicen para producir y reproducir actos que van en contra de la tranquilidad y la dignidad de las personas. Reiteramos, el matoneo también se presenta en las universidades y como a todo matoneo, hay que ponerle atención y freno.
Coletilla: “Los hombres no sólo hemos nacido para vivir juntos. Hemos nacido para agradarnos”. Montesquieu.



