Y, sí. Dejemos que le vaya bien en la gira con su nominada a Canciller. Nos quedaremos entre el bolsillo con la nueva frase que reemplazará la que retumbó en nuestros oídos como una ametralladora: la seguridad democrática, que no fue muy seguridad ni mucho menos democrática. Hoy la frase acuñada está bien peinada: Prosperidad democrática. Por lo menos es esperanzadora y tiene un contenido claro.
Yo entiendo la prosperidad como un estar muy bien económicamente y gozar de confianza en las espaldas por parte de todos los colombianos. No sólo de los ministros, magistrados, alcaldes, gobernadores, parlamentarios, y funcionarios de alto rango. No sólo de los banqueros, terratenientes, concesionarios de vías y de obras, amigos del gobierno. No. Eso no sería democrático. La prosperidad debe llegar al campesino hasta ahora raso, olvidado, a la mujer enclaustrada como en la Edad Media en la casa sin oportunidades, a los jóvenes de entre 18 y 35 que recién salen del bachillerato y la universidad. Prosperidad para los trabajadores en almacenes, industrias nacionales y de dueños extranjeros, que puedan gozar de seguridad social, salarios decentes y una confiable estabilidad. Prosperidad para los ancianos y niños que por Constitución deben atenderse en primer lugar. Si eso es lo que se anuncia en la frase, será bienvenida y hasta reelegiremos al bien vestido Santos.
Demos, pues, un compás de unos meses. Esperemos que se siente en su solio rojo, planee, cree estrategias y las comunique para bien de todos los que nos llamamos pueblo colombiano. Pueblo en griego se escribe demos y desde ella entendemos que es democracia, el poder del pueblo. Y agregó Rousseau, gobierno del pueblo, para el pueblo.
El oficio del periodismo ayer, hoy y siempre, amigo Marco A., será informar, indagar, destapar, denunciar, recrear sobre lo que sucede a diario. No podemos plegarnos los escritores, y menos los columnistas, a correr el velo de lo que pasa y sólo ver lo bueno y lo que comen en su mesa los gobernantes. Estaríamos ocupando el lugar de los bufones y lagartos que a toda hora se visten de zalameros y pintan su cara de risa para agradar a caciquillos y patronos.
Por favor, no nos invites a meternos un metro de estopa en nuestras bocas, y a escribir novelas rosa sobre lo que ocurre en nuestra ancha casa. Cuando el nuevo gobierno nos sorprenda haciendo realidad su frase, nuestra voz se convertirá en colchón de plumas y descansaremos de tanta guerra, tanto desempleo, tanto empleo informal, tanta corrupción, tanta desigualdad. Batiremos palmas, haremos manifestaciones de alborozo y echaremos voladores. No lo dudes. ¿Quién no lo hará, amigo poeta y columnista? Mientras tanto, endulzaremos el alma con lecturas y música de vientos y cuerdas.
28-06-10 – 10:25 a.m.





