Dejar el mundo atrás


Había dejado de ver películas completas durante tiempo considerable.

Hace un mes, en una sala de Chipichape, en Cali, asistí a la insípida e inconexa historia de Napoleón en la versión de Ridley Scott, el mismo de Gladiador. Las expectativas generadas por el director y sus películas anteriores no fueron llenadas después de más de 2 horas de inconexos retazos de la vida del general francés que marcó el siglo XIX, se convirtió en emperador y en una de sus célebres frases dijo: “Hay quienes hacen las revoluciones y quienes se aprovechan de ellas”. Él fue uno de los segundos con la revolución francesa.
La otra película completa la vi en Netflix. Una historia distópica pero que podía ser muy real sobre cómo la humanidad y los Estados Unidos afrontarían una guerra moderna donde la fuerza y el impacto de las batallas no se va a librar como en Ucrania o en Gaza, con los bombarderos arrasando ciudades en una tarea inmisericorde de demolición no solo de las construcciones, sino de la gente que las habita: adultos, Jóvenes, niños y con una visión genocida por parte de las fuerzas dirigidas por Netanyahu, el representante del ala ultraderechista del sionismo que gobierna y desacredita a Israel, al recordarnos a Hitler.

Foto: YouTube
“Dejar el mundo atrás”, es el título en español de la película en la que Julia Roberts, acercándose a los 60 años, interpreta a un ama de casa que decide alquilar una hermosa residencia campestre en las afueras de Nueva York e irse con su esposo y dos hijos adolescentes a pasar una temporada de vacaciones.
En la mañana en que madrugan a la cercana playa de Long Island, mientras toman el sol y se zambullen a intervalos en el mar, la niña de 13 años les llama la atención sobre un gigante barco. Los demás se admiran de su tamaño y continúan regodeando en la playa. Pasados unos minutos, la niña que no le quitó el ojo de encima les advierte que la mole se está acercando. Los adultos siguen en sus diálogos, entrecerrando los ojos mientras doran su piel, el hermano de 16 años continua en la en la playa y el mar deseando a las muchachas, pero la niña, con la mirada fija, advierte que el gigante petrolero se les viene encima. Los mayores apenas tienen tiempo de levantarse agarrar los celulares y correr, antes que la proa de la mole barra la playa y quede adentro como si la hubiera transportado un tsunami.
Superada la aterradora sorpresa al intentar comunicarse por celular comprueban que están sin señal.
Este incidente impresiona especialmente a los padres mientras sus hijos continúan en sus juegos y divirtiéndose en la piscina de la mansión alquilada. Todo parece transcurrir normalmente hasta que a altas horas de la noche escuchan toques en la puerta. Se llenan de nervios y al fin el profesor universitario convence a su esposa a que abra a la pareja de afros elegantemente vestidos que al excusarse por la hora y presentarse les informan que son los dueños de la residencia, pero tuvieron una emergencia que les impidió desplazarse a su apartamento en New York donde hay gran apagón y por esta razón les solicitan que los dejen pasar la noche en un cuarto del sótano.
La esposa interpretada por Julia Roll Roberts no quiere aceptar la propuesta. Deja traslucir su desconfianza y racismo. El marido se muestra más condescendiente. Trata de convencerla que acepte. Después de largas discusiones al fin cede.
A la mañana siguiente la niña se despierta. Desde la ventana en los alrededores boscosos de la casa observa una pareja de venados a los que se les acercan muchos más formando una manada. Queda asombrada porque nunca ha visto algo igual. Solo ella lo detalla como cuando en la playa estuvo pendiente del petrolero y todo momento sigue mirando donde estuvieron los venados y sale a buscarlos.
Al día siguiente al encender el celular, Julia Roberts ve un mensaje que alcanzó a entrar fugazmente, en el que informan sobre en gran apagón en la costa este de los Estados Unidos afectada por un ciberataque. Mientras tanto, el dueño de la casa ha ido a averiguar a la mansión vecina en la que no está su rico propietario. Después de andar un trecho hacía la playa encuentra sobre la arena un dorado reloj de leontina. Al recogerlo y remover haya el cuerpo del dueño de la casa semienterrado en la arena, con pisotones en la cara, como si una manada de animales le hubiera pasado encima.
Aterrado por lo que ve, camina hacia la playa y observa un jet de pasajeros que vuela sobre el mar descendiendo directamente hacia él. La nave no alcanza a tocar tierra, pero se estrella al borde de la playa, produciendo un pequeño maremoto que alcanza a empaparlo, a pesar de que corrió y alcanzó a esconderse detrás de un promontorio.
El profesor universitario sale en su vehículo a ver si encuentra señal en la gasolinería cercana, pero en la ruta desierta sólo se encuentra a una señora desesperada, gritando y rogándole que la transporte, lo que no hace al ponerse nervioso y más cuando a lo lejos desde el cielo ve descender una nube roja de volantes escritos en extraños signos.
Posteriormente estridentes ruidos hipersónicos que los hacen taparse desesperadamente los oídos inundan el espacio y después de ellos al hijo mayor se le aflojan y empiezan a caer los dientes.
Ya son muchos sucesos anormales sumados a la incomunicación de los celulares y la señal de televisión que primero comprobó la niña cuando no pudo sintonizar el capítulo de la serie Friends. Ha sucedido una catástrofe desencadenada por la guerra cibernética que confirma la detallista niña al mirar el hongo que oculta los rascacielos del lejano Nueva York.
Es una historia distópica de ficción que sin embargo asocio con el documental que hace varios meses pasaron por CNN, sobre la verdadera “guerra de las galaxias” que podrían librar sobre la atmosfera los numerosos satélites, espías, “secuestradores” de otros y cargados con rayos destructores, que han lanzado Estados Unidos, Rusia, China y otras potencias, que al enfrascarse en la Tercera Guerra Mundial. ya no librarían batallas decisivas con grandes movimientos de ejércitos armados de tanques, rampas lanzacohetes y desde los cielos bombardeando instalaciones industriales, militares y edificios de apartamentos, como en Ucrania y Gaza.
En la “guerra de las galaxias” que anunció Reagan en su gobierno, en el espacio destruirían entre ellos los satélites, paralizando continentes enteros cuyas centrales energéticas, telecomunicaciones, procesos administrativos, industriales, comerciales, financieros, de salud, de transporte terrestre, aéreo y marítimo, están controlados por satélites y al haber apagones generalizados quedarían paralizadas sociedades enteras. En fin, Volveríamos a tiempos anteriores al descubrimiento de la electricidad.
A manera de guiño humorístico, como para aterrizarnos que es una historia de ficción que desgraciadamente puede hacerse realidad, la niña a la que todos andan buscando y se les extravió por irse tras los venados, fue a parar a la casa del vecino muerto y explorando encontró un bunker antinuclear que al abrirlo se ilumina y en su interior descubre otra residencia dotada de planta propia, estantes llenos de alimentos, todos los aparatos electrónicos, una gran pantalla con su reproductor de DVDs y una completa videoteca donde encontró la colección completa de la serie Friends, incluido el capítulo final que estaba desesperada por ver desde que descubrió que no entraba la señal de televisión. La niña no puede ocultar su felicidad en la enorme sonrisa desplegada mientras al final de la historia sobre la pantalla empiezan a desplegarse los nombres de productores, equipo técnico y artistas.
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