DE PREJUICIOS Y LIBERACIONES EN LOS LIBROS


Loco-mbiano

He leído, con mi boca algo torcida por una tímida sonrisa, el texto escrito al alimón por los escritores caucanos Rodrigo Valencia y Donaldo Mendoza. Se traban ellos en un discurso gracioso sobre libros que han tenido éxito comercial y han sido leídos por millares de jóvenes o mujeres con ilusiones de superación.
Respeto mucho ese diálogo no muy ácido, por cierto, como debería ser una lectura que hiciera escocer y levantar los dedos, como cuando uno se trompica entre las piedras. He leído a Rodrigo en otras ocasiones. Él en muchos escritos y sus pinturas levanta ampollas. Cuando uno anda pianito y no encuentra algo que le asalte la atención, que rompa la monotonía, el paseo no dejará recuerdos ni impresiones duraderas.
Que a uno le digan qué debe hacer, cómo imitar a los que han ganado mucho dinero, cómo ponerse los zapatos para llegar lejos, – como aquel gato -, le podrá servir el dato para pasar un rato ocupado en un divertimento. Y para saber que el fulano consiguió captar la esencia del triunfo espiritual o comercial y disfruta dándolo a conocer a unos ingenuos lectores.
Más fina es Alicia ante o detrás del espejo que se deja caer en un torbellino a ver qué pasa o que le consulta al gato que la mira desde la rama cuál camino le aconseja escoger. Él gato inglés no le dice, por supuesto, que éste u otro. No. Más sabio que un escritor bestseller le dice: da el primer paso y se empezará el camino.
Simón Rodríguez, el maestro del Libertador, seguro que fue quien inspiró el apelativo para su arriesgado discípulo. Nadie aprende si no corre el riesgo. Pensando así Bolívar cruzó el Ande, amó a Manuela, pero primero se libertó a si mismo.
Grandes mujeres y hombres de la historia no escribieron bestseller para registrar su carrera por el Olimpo o por una pista o una fábrica o un laboratorio. Pero nos dejaron sus hechos, su lucha, su voluntad indomable, sus pasiones desbordadas, sus descubrimientos y amores imposibles. Fueron mares tempestuosos, rayos violentos, aludes con olas de greda, volcanes con erupción y lava. No fueron gacelas gráciles ni riachuelos mansos, ni amanuenses que pasaron miles de noches copiando y dibujando.
Homero nos enseñó con sus narraciones fantasiosas, repetidas de memoria por niños y ancianos, Sócrates también lo hizo y alguien lo apellidó el que no escribió, como si debiera haberlo hecho. Cervantes escribió y hoy nadie ha sido capaz de imitar su grandeza ni su humor hecho persona y su libro ha sido reproducido tanto como la Biblia. Jesús de Nazaret apenas escribió una frase enigmática sobre la arena – que se borró con una pisada y nadie divulgó – y es seguido más que a yahoo, hotmail, google, youtube o duckduckgo.
Alguien podrá jactarse de haber escrito como Tomás de Aquino diez volúmenes o con alto aliento como Joyce su Ulises, seres inalcanzables por su vastedad y profundidad. La brillantez, el genio, la sabiduría son virtudes o cualidades que aparecen cada cien años. No es una manzana que puede alcanzarse con solo estirar el brazo o cerrar el puño.
21-06-13 12:15 a.m.



