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Domingo, 11 de octubre de 2026

De “Matador” para Quilichao: un mural de paz

De “Matador” para Quilichao un mural de paz
De “Matador” para Quilichao: un mural de paz
Camila Valencia, Matador, Alfonso Luna Geller.
De “Matador” para Quilichao: un mural de paz

El Instituto Técnico de Santander de Quilichao, uno de los colegios de bachillerato de mayor trascendencia en el Norte del Cauca, con más de 2.400 estudiantes, parecía hoy más vibrante de lo habitual. La razón: la presencia de Julio César González Quiceno, mejor conocido como Matador, el caricaturista pereirano que nos ha hecho reflexionar por su insolencia con las figuras más poderosas de Colombia.

El emblemático protagonista del humor gráfico esta vez no tenía la misión de burlarse de los poderosos. Cuando lo encontramos, estaba a pocos trazos de crear un mensaje que hablara de paz, un mural que orientara a los estudiantes de esta institución.

Gloria Isabel Cuartas, la activista por la paz y ex alcaldesa de Apartadó, directora de la Unidad para la Implementación del Acuerdo de Paz, lo había convocado para liderar el programa «Dibujando la biodiversidad del Acuerdo Final de Paz con Matador», un proyecto que, integrado al desarrollo de la COP 16, buscaba unir caricaturas y naturaleza. La idea era clara: usar el arte para que los niños se conectaran con la paz y la biodiversidad.

De “Matador” para Quilichao: un mural de paz

Simultáneamente, aquí en Quilichao, a unos pocos kilómetros de Cali, Matador lideraba la creación del mural que sería entregado a la comunidad estudiantil. Gloria Cuartas sabía que el caricaturista tenía el don de conectarse con los más jóvenes, usando su talento para fomentar la conciencia sobre la paz y la conservación de la naturaleza.

Entonces, con Camila, nos preparamos para hablar con el personaje. Cuando supo que éramos periodistas, nos saludó con toda simpatía, como si fuéramos viejos amigos. Con Matador nada es protocolario; para esta entrevista tampoco iba a seguir un libreto.

Apenas empezábamos a charlar, cuando de pronto, y sin previo aviso, salió disparado hacia la cancha de fútbol. Un grupo de estudiantes lo llamaba entre risas, porque al parecer ya le habían asignado el papel de «recogebolas». Entre pregunta y respuesta, el hombre volvía a su improvisado rol, rompiendo cualquier esquema. Es la misma desfachatez que le ha permitido hacerle frente, a través de sus caricaturas, a los más poderosos de nuestro país.

De “Matador” para Quilichao: un mural de paz

Mientras lanzaba el balón de vuelta a la cancha, regresaba a responder… entonces, tuve que soltarle la pregunta que muchos se hacen:

— Matador, ya tienes 55 años, ¿cuándo es que te vas a volver serio?

Con esa sonrisa pícara que lo caracteriza y sin dejar de reírse de sus propios adversarios, me respondió con lo que quizás sea la clave de su éxito:

— ¡Uy! Yo creo que para eso ya es tarde. Además, ¿ser serio para qué?

Su respuesta, cargada de ironía, resonó como una caricatura viviente.

Miren pues que, Julio César no deja de ser Matador ni siquiera en una entrevista. Entre risas, bromas, y mientras orientaba a los estudiantes que colaboraban en el mural, dejó claro que el periodismo alternativo, independiente, es lo fundamental ahora.

— ¡Si me ayudas, podemos hacer realidad el periodismo independiente a través de mis caricaturas! —me dijo con esa chispa que ha incomodado a tantos, y que lo llevó a ser expulsado de El Tiempo después de dos décadas de respaldo en sus páginas.

La entrevista con Matador no fue solo un diálogo; fue un viaje a través de la desfachatez y la creatividad, un recordatorio de que el arte puede ser una poderosa herramienta para la paz y la conciencia social.

Y así, en Santander de Quilichao, Matador ratificó que seguirá siendo el mismo: insolente, fresco, directo, y, sobre todo, incómodo para el poder.

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