De la política y lo político


En el estudio de la teoría política podemos constatar que vida social y vida política es lo mismo. En toda sociedad, empezando por la familia se dan relaciones de poder y esto presupone relaciones de autoridad y obediencia.
Desde la antigüedad Aristóteles enfatiza que el hombre es un animal político, es decir, un animal social. Muchos niegan su ser político bajo argumentos tales como el no pertenecer a ningún partido, no haber votado, no relacionarse con los políticos ni participar en los problemas que atañen a la comunidad, etc.
En términos modernos, la política no es otra cosa que la toma de decisiones por medios públicos y lo político corresponde al impacto que esas decisiones y acciones tiene en la sociedad. Es precisamente en lo político, donde pueden medirse las repercusiones del poder en la sociedad y conocerse cuál es o ha sido el papel de la sociedad frente a la política.
De ahí que no podamos vivir separados de la política, la cotidianidad de la vida social así lo exige, pues querámoslo o no, la política afecta o condiciona nuestras vidas. Y si no, cómo explicar la calidad de vida de los habitantes, el estado de las calles, la educación de los niños, el valor de las matriculas en las universidades, las condiciones de salud de la población, la atención de los ancianos, el nivel de los salarios, los impuestos que pagamos, los procesos de paz, las reformas laborales, los sistemas de crédito, las relaciones internacionales. Hasta el agua que consumimos y el aire que respiramos tienen que ver con la política.
El régimen político democrático tiene entre sus múltiples características, el voto popular como mecanismo de participación política para acceder al poder. El voto consciente de los ciudadanos es fundamental en un pueblo con madurez política. Un país donde el ciudadano no sea una abstracción sino en un ser vivo de carne y hueso, capaz de asumir decisiones con responsabilidad es un país para la democracia y la paz.
Pensamos que sin educación política no es fácil participar conscientemente en los destinos de un país. En lo que respecta a Colombia, los partidos políticos se han limitado, entre otras cosas, al hecho de escoger y proponer nombres para las diversas corporaciones públicas, olvidando una de sus principales funciones o tareas como es la de educar políticamente mediante información verídica sobre intenciones y decisiones del poder político, que permita determinar sus límites y alcances y sobre la base de ésto, hacer conocer propuestas y programas que signifiquen conseguir el apoyo tanto de potenciales electores como de la opinión pública. Los partidos deben estar siempre inspirados en las necesidades y requerimientos de la gente para que tales demandas sean llevadas a las instancias de poder para ser traducidas en políticas públicas.
En algunas regiones más que en otras, los habitantes y ciudadanos no saben por quién votar y terminan ejerciendo el sufragio a la loca. Aparecen como en el Cauca, unos candidatos que resultan más de la improvisación que de un sano discernimiento. No hay propuestas ni programas; nada novedoso y atractivo y ello justifica la apatía.
Los denominados partidos políticos sólo fungen como maquinarias electoreras y nada más. Sin embargo, el problema real no está en los partidos ni en los políticos, el verdadero problema está en el pueblo, en el llamado constituyente primario. Las universidades y demás centros educativos también se han quedado cortos en educación política. En algunos escenarios del saber parece castrarse el pensamiento, factores que contribuyen notablemente a la indiferencia por la política y por lo político.
Resulta esencial la formación política de los ciudadanos. Los centros universitarios y demás instituciones educativas, deben convertirse en el espacio abierto donde se puedan debatir los principales conflictos económicos, sociales y políticos que se suscitan a nivel internacional, nacional, regional y local. Y por qué no decirlo, poner en tela de juicio los conflictos de la vida cotidiana, que signifique al individuo el logro de una visión objetiva de la realidad y lo conlleve a asumir valores y actitudes que se traduzcan en una acertada y responsable participación democrática encaminada hacia la búsqueda permanente del desarrollo conjunto de la sociedad tras la consecución de la convivencia pacífica.
Coletilla: Avanzan las campañas para las elecciones de octubre próximo. El termómetro electoral no da para calentar el ambiente. Aparecen unas encuesticas que nada dicen. Ajenas a lo que se percibe realmente. Como para cautivar incautos. Hasta el momento nada está determinado, sólo especulaciones sobre índices de favorabilidad de candidatos. Deben trabajar muy duro para que logren convencer durante el tiempo que les queda de campaña. Algunos candidatos no tienen ni siquiera el más mínimo carisma. Se vislumbran unas campañas aburridas y desabridas. En nuestro sufrido departamento se siente mucho desencanto.



