De grandes cenas, están las sepulturas llenas

De grandes cenas, están las sepulturas llenas
Según Séneca, “el hombre no muere, se mata”. Ello tiene mucho de verdad si tenemos en cuenta que el ser humano biológicamente podría vivir hasta 120 años. La expectativa de vida se acorta por factores como enfermedades catastróficas, accidentes, hechos violentos y otras eventualidades. Pero es esencialmente debido a las malas prácticas humanas y a la falta de un adecuado autocuidado que reduce la longevidad y la capacidad productiva.
Los índices de inactividad física en Colombia siguen siendo alarmantes, bordean el 70 por ciento de sedentarismo funcional. La misma fisiología del ser humano exige unos mínimos niveles de ejercitación física diaria, de lo contrario los riesgos de la degeneración temprana son elevados. Por más investigaciones y demostraciones contundentes sobre el valor de moverse más, el estilo de vida hoy evoluciona hacia esquemas poco saludables.
No existe en Colombia una política pública formativa y educativa que priorice el fomento de comportamientos saludables. Son los mismos políticos y gentes del poder quienes “deseducan” a la población. La mayoría son obesos, de orgullosa papada, coloraditos y alérgicos a aquello que implique emplear las propias energías. Pero más aún, bebedores sociales (hacen apología al «chupe» o al «lamparazo»), con extraordinario culto a su hermoso auto y que gustan tener gente a su servicio para sentirse importantes y ahorrarse la fatiga.
Son los modelos y arquetipos que hoy se promueven en la sociedad y desde el mismo gobierno. En la retórica de moda, dirigentes de turno hablan de un falso ambientalismo que ni ellos cumplen. Vociferan que aplicarán una reforma bajo modelo de prevención sanitaria con batallones de “promotores” que harían brigadas barriales con legos, al estilo fracasado cubano o venezolano, que ya se intentó en Bogotá de forma fallida. La promoción de la salud no es papel de las EPS o “gestoras” de salud.
La prevención legítima se hace por fuera de ellas desarrollando a través de diversos procesos transversales, un alto criterio de actitud saludable en las personas. Es la única vía para fortalecer el autocuidado y salir de la zona de comodidad, que tanto daño nos hace. Para ello se debe acatar la sentencia de Sócrates: “Si alguien quiere tener buena salud, pregúntale primero si está en capacidad de actuar sobre las causas de la enfermedad. En caso contrario abstente de ayudarle”.
De grandes cenas, están las sepulturas llenas, y no aprendemos. La historia reciente lo demuestra con la desaparición temprana de famosos políticos o “chefs” apasionados que con evidente sobrepeso mueren en su ley. Seguimos promoviendo públicamente recetas gastronómicas cargadas de grasa animal, azúcar añadido, platos folclóricos con frituras rebosantes de calorías y peligrosos aditivos buscando sabores frívolos para complacer un supuesto buen gusto. Es la ignorancia crasa de algunos eruditos cuyo precepto fundamental es vivir para comer.
La principal política de salud pública debe ser educar para preservar y vigorizar la vida humana. Para ello se requieren estrategias que formen en las personas criterios de autocuidado bajo un estilo de vida saludable. Es necesario evitar al máximo las grasas animales y trans, los ultraprocesados y reducir el tamaño de las porciones. La actividad física es esencial. Todo movimiento y gasto de energía suma. Si practicamos un deporte, mucho mejor. Pero no es suficiente con moverse si no hay buenos hábitos alimenticios, que den más espacio a alimentos frescos como verduras y frutas.
Allí puede estar la mejor explicación a tantas muertes repentinas y tempranas de personalidades y conocidos que ocurren de manera inexplicable Tantos casos recientes de muertes súbitas, de infartos. No hay duda que la mayoría están estrictamente relacionadas con una dieta inapropiada, que buena parte de su vida disfrutaban del “comer rico”, sin criterio, ni frugalidad.
Recordemos que “lo que se come se cría”. No sigamos cultivando el fantasma de la muerte temprana por cuenta de esos comportamientos displicentes que por falta de buena educación han hecho carrera en nuestro medio. Debemos tomar decisiones mesuradas con criterio de vida sin olvidarnos del precepto “poca cama, poco plato y mucha de suela de zapato”.
Apostilla: con el respeto a su memoria y legado debemos recordar al Dr Carles Miñarro, MD del Barcelona F.C., al profe Lombo de Mindeporte, al profe «Piripi» Osma, etc., fallecidos repentinamente de forma aparentemente inexplicable; pero todo tiene dirección y sentido. Aparte de patologías de base, la comida nos está matando.
por: Fabio Arévalo Rosero
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