CULTURA, PAZ Y DESARROLLO (parte II)


Corriendo el riesgo de corroborar la creencia según la cual: “segundas parte nunca fueron buenas”, es mi deber insistir, por aquello de la palabra empeñada.
Les comentaba en la parte I de estas líneas, sobre la imperiosa necesidad que tiene la sociedad colombiana de darle la oportunidad a la cultura, para que nos ayude a encontrar esa cohesión social que desde nuestros orígenes no hemos alcanzado, aprovechando los múltiples, y bien pagados, intentos del gobierno nacional por convencer a muy pocos e intransigentes colombianos; de las bondades de vivir en paz.
También les comentaba que mucho hay del dicho al hecho. El dicho, o mejor; los dichos de todos los gobiernos de Colombia, incluido éste último; están colmados de propaganda, de promesas en lo concerniente a la cultura. El hecho concreto es que aún hoy, a pesar de las bien realizadas piezas publicitarias de Señal Colombia (sobre las que apuntaba en la primera parte), en inversión real en cultura lo que hay es casi nada.
Pero si por el plano nacional llueve, en lo local tenemos un huracán nivel 10. Por acá, por la provincia lejana de la capital del País, abandonada de los gobiernos centrales y de sus congresistas, la cultura sigue siendo cenicienta. Los recursos asignados para el fomento y desarrollo de la cultura son paupérrimos, y eso es un decir, para no hacer quedar mal a los escribidores de los famosos planes de desarrollo locales. No existe la gestión de los funcionarios “encargados” de la cultura y todo se queda en la disculpa de la falta de recursos, que aunque cierta, no desobliga a las administraciones a hacer un poco más para tratar de buscar otras fuentes de financiación para los temas de cultura.

En lo local, todo queda supeditado a los intentos de uno que otro particular, por hacer algo por, con y para la cultura de Quilichao, que es el territorio que conozco. Es una lástima que estos intentos se encuentren con la gran muralla de la resignación, la apatía y la casi inacción de los funcionarios encargados de la Cultura Quilichagüeña.
Y no se trata de asumir una posición nihilista respecto a los quehaceres de la institucionalidad gubernamental de la comarca quilichagüeña, “mea culpa” si se entendió de esa forma, de lo que se trata en últimas, es de hacer un fuerte llamado al entusiasmo, a la acción, a la creatividad de quienes se encargan de coordinar o dirigir todo lo referente a la cultura en nuestro ámbito local, en otras palabras es una firme pero respetuosa petición para que; quien o quienes se encarguen de orientar las políticas gubernamentales de la cultura en Santander de Quilichao, cambien de actitud o de voluntad personal o política si se quiere.
De qué nos sirven los “Baligrafos” y las “Escopetarras”, que a diestra y siniestra reparten los altos dignatarios del Estado colombiano; si tanto el gobierno nacional, como los locales; no creen y mucho menos asumen el hecho comprobado, en otros lados por supuesto, del éxito que significa apostarle a la cultura para lograr la visibilidad, la inclusión y un mejor bienestar socio-económico de todos aquellos jóvenes, que por razón de la contra cultura de la violencia; engrosan los ejércitos de bandas criminales, micro tráfico de estupefacientes o de cualquier otra marginalidad social y/o económica presente a lo largo y ancho de Colombia.
Como colofón de este escrito quisiera apropiarme de las palabras de Alberto Abello Vives, economista de la Universidad Externado de Colombia y Magíster en Estudios del Caribe por la Universidad Nacional de Colombia, respecto a la cultura y que hacen parte de esas piezas de Señal Colombia que inspiraron este llamado de atención a los encargados de la cultura:
“La cultura es como esa savia que alimenta el follaje de la vegetación, permite el florecimiento y da frutos de gran variedad. Así es la cultura para las sociedades.”
Nota final: De luto esta la cultura colombiana por el fallecimiento del señor Álvaro Castaño Castillo, pionero de la radio cultural en Colombia (HJCK El mundo en Bogotá), quien vivió para y por la cultura.



