CUBA SE INSERTA EN LA GLOBALIZACIÓN ACTUAL


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.
Poco a poco las noticias van cayendo en el sopor de la costumbre. Cuba despertó de un letargo de tres cuartos de siglo. La revolución que empezó desde Martí y que culminó en la Sierra con Fidel y el Ché no significó la redención ni el despegue hacia una mejor calidad de vida para la inmensa mayoría de sus habitantes, como se pregonaba.
Los ideales se fueron borrando de las pancartas y fueron cayendo a medida que los vientos, las lluvias y la humedad fueron corroyendo las consignas allí escritas. Ser Isla y, además, estar aislada no se constituyó en un triunfo para el pueblo-pueblo. Ni el socialismo, ni el comunismo, ni el capitalismo ni los idealismos harán mejor a las sociedades. Solo la solidaridad, la igualdad, la democracia, el trabajo digno y el respeto de los derechos humanos serán banderas para vivir en paz y gozar de una libertad consecuente.
Naciones enteras vieron con ojos sorprendidos el anuncio de Obama de que su país restablecería las relaciones y la miraría de nuevo como un país hermano. Mas la euforia inicial ha ido quedando en un marasmo inerte. Las aguas de la mar, que en su Bahía se alzaron soberbias con el anuncio, han vuelvo a caer en una calma chicha.
Voces llamadas republicanas en el país del Norte han mostrado sus dientes como lobo herido ante la esperanza de tenerle las puertas abiertas del país más poderoso del mundo. Sin embargo, en los demás países no se ha visto que el alborozo las embargue.
Las reacciones ante el gesto de Obama no han respondido a las expectativas pues han sido tibios los aplausos. No hemos visto los abrazos, besos y regalos que esperábamos.
Sabemos que las gentes en Cuba se acostumbraron a la Caridad del cobre que les ponía en la mano comida semanal y les privó de un liderazgo empresarial. Su comercio se volvió precario y la tecnología es casi desconocida y prohibitiva en capitales y provincias. Es cierto que se ven celulares, alhajas y cierto tráfico de tecnología entre jóvenes, pero el transporte, la construcción, el paisaje se ven poseídos por el color sepia de la vejez y el moho.
Cuba necesita el apoyo y la cara sonriente no solo de los Estados Unidos, de Rusia, de Venezuela sino del mundo civilizado. Y la gente común de Cuba, no solo sus gobernantes, necesitan que la solidaridad se aparezca de cuerpo entero en su economía, su turismo para que reaviven sus costumbres.
Mientras Cuba se repone – y eso durará por una decena de años, por lo menos -, se hace necesario que los aranceles se faciliten, que se vuelquen los incentivos y vayan permeando la cultura diaria y oxigenen el comercio y la industria nacional. Porque estos reglones son los motores que moverán el mercado interno e incitarán a resurgir la creatividad, la mano especializada de trabajo, las ilusiones y el orgullo de nación libre.
29-12-14 11:10 a.m.
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