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Martes, 6 de octubre de 2026
lunes 26 junio, 2017 a las 7:43 pm

¿CUÁLES SERÁN LOS NUEVOS PRODUCTOS DEL CAMPO?

productos campo
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
https://noticias.caracoltv.com/colombia/llego-el-arroz-con-plastico-colombia-esto-dicen-en-plaza-de-mercado-de-bogota

Sí, esa era la noticia de ayer. Ya la industria y la tecnología extranjera nos tienen programado lo que debemos sembrar y comer en un futuro muy próximo. Nuestros campesinos ya no arreglarán sus eras ni los surcos de dolores ni sus métodos para preparar la siembra en sus propias parcelas. Ya se olvidaron cómo era que sus abuelos lo hacían. Sembraban las semillas criollas, las tapaban con tierra, las aporcaban y luego esperaban que nacieran los cogollos verdes y que floreciera la papa, la yuca, la arracacha, los nabos, los fríjoles, el maíz, las brevas, la naranja, la arveja o el ajonjolí.

Y venía la cosecha y la recolección. Se rejuntaba todo y se metía en costales que se llevaban en burros y bestias hasta la plaza de mercado al pie de la iglesia. Y allí la señora Inés vendía risueña la cebolla fresca, los ajos y rábanos. Todavía me acuerdo, pero pasado mañana ya será historia como dicen en el fútbol cuando el partido acaba.

Todo eso se acabará. Luego habrá francachela foránea y no habrá comilona. Ya no estará doña ratona ni el ratón vecino. Estarán los sabios de laboratorios extranjeros enviando remesas por barco en los contenedores. ¿Cómo y de dónde y qué tendrán serán esas semillas que suplantarán a los socos y las semillas caseras que nos dejaron nuestros antepasados? Serán tan secos y duros que ni el gorgojo les entre y hasta los ratones se morirán en los barcos al no encontrar algo que les huela rico.

Tendremos que acostumbrar nuestros dientes a comer fibra gruesa hecha en laboratorios gringos o suecos o rusos o noruegos o ticos. Y a ruñir como perro al hueso esas pepitas raras que se echan a hervir y a colorear. Porque nuestros ingenieros agrícolas no aprendieron a hacerlo ni se han abierto industrias que reemplacen lo que había en las cocinas criollas. Se acabarán las tostadas vallunas, las arepas antioqueñas y boyacenses, el bocadillo veleño, el sancocho paisa y el de Ginebra.

¿Cómo será el arroz, se acabarán las papas, cambiarán de color la yuca y nacerán azules las lechugas verdes? ¿Cuánto valdrá una libra de semillas en la Caja Agraria revendida desde Somalia o la China o Taiwán? Y, ¿cómo serán las carnes si hoy ya son de plástico como los pescados que mostraron por TV antier y que se consiguen normales en supermercados legales? Habrá pan de harina sintética de maíz, trigo y soya. ¿A qué sabrá la nueva papa frita y cómo sonará cuando cruja en la boca? ¿Cómo quedará el estómago?

¿Desaparecerá la zanahoria y ya no será visible para atraer incautos? ¿La remolacha será más roja o los cominos serán más pequeños y picarán mucho menos? Se globalizará la cocina taiwanesa y llegará a nuestra mesa. Comer carne azufrada de ñandú o de ñú será lo más ordinario. ¿Hasta dónde llegará la poda de nuestra comida tradicional que por siglos nos dejaron los chibchas y panches en la sabana y caribes en la costa? Que lo digan los nuevos dueños de la mercancía, traficantes urbanos de corbata y sin morral. Tanto afán por lo extranjero hasta que caímos en la trampa.

25-06-17                                               9:15 a.m.

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