¿Cuál el original, cuáles los plagios?

¿Cuál el original, cuáles los plagios?

Durante el 5º Festival Internacional de Poesía de Medellín (1995) tuve la oportunidad de asistir a una de las lecturas de la poeta, escritora y traductora luxemburguesa Anise Koltz (1928-2023). Sus poemas son breves, casi ninguno sobrepasa los siete versos. Tienen la aguda y pétrea consistencia del epigrama, del dardo, de la flecha (en 1997 Prometeo publicó un pequeño libro con una selección de sus poemas, bajo el título Cantos de rechazo).
En la lectura que menciono, Anise Koltz leyó un brevísimo poema, sin título (como la mayoría de los suyos), el cual fue muy aclamado por la audiencia; y aunque pueda sonar prosaico, antipoético, podríamos decir que con ese batazo la sacó del estadio. A partir de ese momento “su” poema se ha reproducido múltiples veces, y por diferentes medios, entre ellos el grafiti. Este es el poema:
Con las piedras lanzadas
contra mí
he construido
los muros de mi casa
Años después recibí un email de un amigo, el escritor y periodista español Ricardo Bada, con un trino de su autoría que aludía a un viejo refrán holandés (no me acostumbro aún a decir neerlandés):
No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.
El refrán me remitió de inmediato a otro que conocía desde hace mucho tiempo: No puedes cambiar la dirección del viento, pero puedes ajustar las velas.
Hace poco leí una frase que se le atribuye al filósofo griego Aristóteles: No podemos controlar los vientos, pero podemos ajustar nuestras velas. Y también un proverbio chino: «Cuando soplan vientos de cambio, unos levantan muros, y otros construyen molino».
Años después, gracias a la internet, y de pura serendipia, me topé con esta máxima atribuida al viejo y sedentario filósofo de Königsberg, Immanuel Kant (1724-1804):
Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento.
Y; por supuesto, de inmediato recordé sorprendido el célebre poema de Koltz.
¿Se trataría, entonces, de un plagio; o más exactamente, de una paráfrasis ‘construida’ por la desventurada luxemburguesa? Digo ‘desventurada’ porque; aunque ya esté muerta, siempre he pensado que es muy triste ver que se nos aplaude por algo que sabemos perfectamente que no nos pertenece. Algo bastante frecuente, tanto en el mundo del arte y la literatura como en la vida cotidiana. Por ejemplo, la gente es feliz viendo que sus posts reciben numerosas interacciones, a pesar de saber que no son de su autoría.
También escuché decir a la actriz Amparo Grisales en una entrevista: Aprendí a construir castillos con las piedras que me lanzan.
Y hay muchas más por el estilo:
Si te tiran piedras, tú las recoges y te haces un castillo.
Piedras que te lanzan, castillo que se fortalece.
¿Piedras en mi camino? No importa, las recojo y me construyo un castillo.
Cuantas más piedras encuentres en tu camino, más grande podrás construir tu castillo.
Con cada piedra que me tiran construyo mi fortaleza.
Y podríamos prolongar la lista, casi que hasta el infinito, pues como suele ocurrir con los chiste, muchos tienes diferentes versiones en diferentes regiones y países. Un ejemplo: Si del cielo te llueven limones, haces limonada
Mejor dicho, el mismo perro con distinto lazo.
Todas estas frases, máximas, refranes o proverbios; tanto los del viento como los de las piedras son metáforas; y más específicamente, auténticas paremias («refranes, proverbios, dichos populares que contienen una moraleja o un consejo»). Algo así como esas pegajosas, vanas e inútiles frases llamadas de superación personal, motivacionales o de autoayuda, y que en este caso conllevan un unívoco mensaje: “puedes convertir la adversidad en un elemento a tu favor”
¿Y a quiénes daríamos el crédito de estas dos metáforas? ¿A Aristóteles, a Kant, a Koltz, al refranero popular holandés o a los proverbios chinos? ¿Cuál es la original, cuáles son los plagios (o paráfrasis)?
Si nos atenemos a ese viejo principio de Magister dixit, también conocido como argumento de autoridad, deberíamos inferir que los autores son Aristóteles y Kant, respectivamente. Pero como tantas veces se aprobado (inclusive con varios postulados del mismo Aristóteles), dicho argumento es una falacia, y por tanto no prueba (tampoco niega) la autoría de las metáforas por parte de los dos filósofos.
Esto nos dejaría en un limbo, pero nos queda la opción de los proverbios, de los refranes. Veamos:
Podemos considerar que las dos características fundamentales del proverbio o el refrán son su atemporalidad y su anonimia; esto es, la imposibilidad de determinar con absoluta certeza quién y cuándo lo escribió o lo dijo. En otros términos; no tienen fecha de expedición ni de vencimiento.
En vista de lo anterior, podemos concluir que tanto la metáfora del viento como la de las piedras son anteriores a Kant y a Aristóteles, que sus autores respectivos son anónimos.
Fin del asunto. Lo cual lamentaría mucho, señora poeta Anise Koltz, de no saber que en su tumba nada la perturba.
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Si muero pronto
Fernando Pessoa
Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.
Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.
Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.
Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.
Me consolé en el sol y en la lluvia.
Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.
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Créditos de la fotografía: IA



