Cosechar también es educar

Cosechar también es educar/
En Buenos Aires y Caloto, municipios del norte del Cauca, más de mil familias campesinas participan en una experiencia que vincula la agricultura con la educación temprana. Se trata de una estrategia impulsada por la Fundación Nadeco, que promueve el derecho a la alimentación adecuada como base para el desarrollo individual y colectivo.
El eje del trabajo está en las huertas caseras. Allí, niñas, niños, madres gestantes y otros miembros del hogar cultivan alimentos, pero también cultivan vínculos. El proceso pedagógico no se limita a producir lo que se come, sino que rescata prácticas tradicionales, conocimientos ancestrales y formas comunitarias de relación con la tierra.
La propuesta, articulada desde el Servicio de Educación Inicial Campesina, reconoce que el aprendizaje comienza antes de la escuela y que el entorno natural es, en sí mismo, un aula viva. El trabajo en las huertas permite que los niños comprendan su entorno desde una relación directa con los ciclos naturales, los alimentos y el cuidado del otro.

Nadeco no se ha limitado a entregar insumos ni a replicar fórmulas externas. Su enfoque parte del diálogo con las comunidades, de reconocer sus saberes y de construir a partir de ellos. En este contexto, la soberanía alimentaria no se presenta como un concepto abstracto, sino como una práctica cotidiana donde el alimento es un derecho, no un privilegio.
El proyecto vincula a 1.176 familias que hoy experimentan una forma distinta de relación con el territorio. Desde la semilla hasta el plato, cada etapa del proceso reafirma una pedagogía del arraigo, una educación basada en el respeto por la tierra y por las dinámicas propias de cada comunidad.
En tiempos de crisis alimentaria y desconexión con la naturaleza, estas huertas no solo alimentan cuerpos: reafirman una forma de vida posible.



