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jueves 16 octubre, 2014 a las 9:50 pm

Construir ciudades democráticas

ciudades democráticas
Carlos E. Cañar Sarria
CARLOS E. CAÑAR SARRIA 

carlosecanar@ 

hotmail.com

                Al analizar los alcances y limitaciones de la construcción de ciudades democráticas encontramos necesaria la implementación de la cultura ciudadana en los diferentes escenarios de la existencia citadina. En estos espacios los habitantes y ciudadanos deben sentirse parte activa de las administraciones locales.

               Pensar una ciudad democrática significa buscar y encontrar espacios de participación, criticar, imaginar, construir, proponer, crear, vivir en comunidad y disfrutar del escenario urbano; en la medida en que se vayan presentando los problemas y dificultades que nunca faltarán, hacer de ésos valiosas oportunidades en la generación de alternativas para gobernar la ciudad y para la participación ciudadana.

               Se trata de consolidar una ciudad cuyos escenarios representen la mejor oportunidad de encuentro entre la sociedad civil y el Estado. Y en donde se les permita a los ciudadanos expresar lo que quieren y desean, sus problemas y soluciones, que impliquen reivindicaciones que conlleven a mejorar sus condiciones de vida. Una ciudad sin participación ciudadana es una ciudad estéril. Con participación, la existencia cotidiana resulta confundida con la vida ciudadana y municipal. Por algo filósofos y sociólogos históricamente coinciden en afirmar que la ciudad es la casa del hombre.

                 La situación económica de la mayoría de municipios colombianos no es nada halagadora, en unos más que en otros; sin embargo, cuando existe voluntad política de todos los actores sociales comprometidos con la ciudad, cuando hay liderazgo de las autoridades y espíritu cívico de la ciudadanía, cuando hay planificación y concertaciones con las comunidades, las administraciones locales se hacen más visibles y por ende, más legítimas. Cuando se optimizan los recursos humanos y económicos de las administraciones la vida citadina se hace más llevadera. Cualquier acción encaminada al bienestar de la comunidad que asuman las administraciones locales necesita de dinero, incluso la pedagogía ciudadana. Como dice el sociólogo Max Weber “sin economía no hay sociedad”.

              Es así como municipios quebrados económicamente, no pueden llenar todas las expectativas de los ciudadanos en el orden de las actividades productivas, la cultura, el deporte, la recreación, el desempleo, el hambre, la desnutrición. Tampoco es posible enfrentar efectivamente problemas derivados en cierta forma de la misma crisis económica, tales como delincuencia, inseguridad, desplazamiento, drogadicción, etc. Asunto que exige la capacidad de los mandatarios municipales de cohesionar los intereses del Estado central dominante con los intereses locales; relación que suele manifestarse conflictiva, pero del tratamiento adecuado de los conflictos, pueden generarse acciones positivas para el bien de las comunidades.

               Las administraciones locales deben estar prestas en escuchar y aceptar las críticas donde sea necesario y estar dispuestas en hacer los cambios y ajustes pertinentes en el devenir de los acontecimientos. Las políticas públicas se van evaluando en la medida en que se ejecutan y esta situación hace posible direccionar los caminos a tiempo cuando por algunas circunstancias, no pocas veces ajenas a los mandatarios, las cosas tienden a salírseles de las manos. Gobernar no es tarea fácil, como tampoco es fácil mantener contento a todo el mundo. Lo importante es no desviarse del interés público.

                En algunas localidades más que en otras se requiere hacer énfasis en la construcción de ciudadanía. Brillan por la incultura ciudadana, por el desapego hacia las ciudades, por la ausencia de compromisos colectivos y por la renuencia al cambio. Cambiar para mejorar debe ser la tónica.

                Las ciudades que se han preocupado por la construcción de tejido social y por acciones de civismo son las que más han avanzado. No ha sido algo fortuito. Han logrado avanzar porque han racionalizado las situaciones de crisis de las cuales han hecho valiosas oportunidades para transformar positivamente lo que se tiene y se debe transformar.

                Ciudades democráticas son ciudades preparadas para la participación ciudadana, para el estudio, para el trabajo, para el disfrute sano del tiempo libre, para la autocrítica y la crítica, para la creatividad, para afrontar con entereza los momentos difíciles que no son escasos, para la solidaridad y la paz.

                 Aristóteles sostiene que la felicidad del Estado debe coincidir con la felicidad de los ciudadanos. Hay tanta compenetración entre gobernantes y gobernados que del bienestar de los unos depende el bienestar de los otros. El reto está en construir ciudades felices y para ello las administraciones locales cuentan con una gran ventaja –insistimos- la proximidad entre los mandatarios y la ciudadanía. Desaprovechar esta oportunidad no sólo es injusto sino torpe.

                  Todo esto implica que no solamente hay que estar preparados para ganar las elecciones sino también para gobernar. Para ello es necesario cohesionar las comunidades en intereses colectivos.

Coletilla: El panorama político regional y local en el próximo proceso electoral para alcaldías y gobernación aún es incierto. No se siente ambiente preelectoral. Precandidaturas inciertas y sin fuerza, pero nada más. Sólo especulaciones y ganas de figurar de algunos. ¡Amanecerá y veremos!

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