Código secreto de Apoteosis de Popayán


Código secreto de Apoteosis de Popayán

Apoteosis a Popayán, un mural de seis metros de alto por nueve de ancho, que en imponente génesis sintetiza la historia de la ciudad en una trama encriptada que rutila símbolos secretos. La obra enluce el Paraninfo Francisco José de Caldas de la Universidad del Cauca, el masón más ilustre de la logia de la Pamba.
La pintura de linaje clásico de Efraím Martínez Zambrano, proyecta la oda del poeta Guillermo Valencia, cuyo texto se inscribe en mármol junto al bello retablo.
El artista es nieto de Pedro Pascasio Martínez, aquel niño soldado de doce años, que captura al general español José María Barreiro Manjón, tras la victoria que sella la independencia en el puente de Boyacá.
En primer plano se perfila al fundador Sebastián de Belalcázar, quien sobre un corcel castaño andaluz despliega el linaje ibérico de sus castas dominantes. En el centro en línea vertical cruciforme se segmentan los retratos generacionales, con la misma técnica de la francmasonería del Renacimiento italiano usada por Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio.
De sur a norte, se surte el episodio de sesenta seres probos. En la columna del pórtico hay una figura sedente vestida de blanco, apoyada en un cetro que personifica a Popayán como la Jerusalén de América acompañada de dos musas del parnaso. Como protagonistas principales hay siete ilumínatis de la masonería criolla, como interludio secreto de una conspiración de mentes preclaras del pensamiento libertario y fundadores de la logia masónica de la Pamba: Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López, José María Obando, Francisco José de Caldas, Camilo Torres, Adolfo Dueñas y José Rafael Mosquera. El pensamiento masónico justifica las guerras internas de la oligarquía criolla por el poder político, en la defensa de las nuevas fuerzas progresistas de la burguesía, opuesta a las órdenes religiosas reaccionarias, personificadas por una orla de cruz alta en manos de un misionero en el centro del episodio.
La diosa de la tempestad, entre un nubarrón borrascoso se deja caer del cielo, como deidad de alada, en sus manos surge un circumpunto o corona fulminante que destella, es el dios Ra, usado por la masonería como símbolo de la sabiduría. Dos robles sempiternos enmarcan la apoteosis, junto al árbol izquierdo se yergue impasible el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, según cuenta la leyenda sus restos están sepultados en la hidalga ciudad por sus huestes caballerescas y sublimes quijotadas.
Tras la plaza principal, su Ermita y la capilla de Belén, encumbrada en uno de sus cerros tutelares, con meandros y caminos empedrados que escalonan estaciones alusivas a la pasión de Cristo, de donde surge un viaje al espacio telúrico que asciende al volcán Puracé.
La sucesión temporal se corta en regla de oro en la verticalidad de la Torre del Reloj en la plaza central, con la catedral arzobispal, cuyo óculo encumbrado en la cúpula del alta mayor, todo lo puede ver. Se completa el retablo con casonas alineadas en un hado de leyenda de heroísmo pretérito, luz de la poterna que ilumina el futuro. La calle central que se ensancha con cadencia utópica y rememora ancestrales mitos y leyendas, desde el imaginario de la sabiduría ancestral del indígena, el aporte de la fuerza creativa de la comunidad afrodescendiente. Martínez los enseñorea atemperado en la fruición y el espectáculo de lo preclaro.
Una mañana lluviosa de febrero, el pintor firma el lienzo y sube por última vez al andamio para retocar el circumpunto de la diosa de la tempestad, en lo alto del mural, siente dolor en su quijada y tambalea atrapado en la estructura metálica. Trata de bajar, pero le sobreviene un síncope, el pintor convulsiona, deja caer espátula y pinceles, mientras su frágil humanidad se sostiene en las barandas. Inconsciente queda inmóvil, flácido y sus piernas flaquean ante el intenso frío, el pulso se debilita y la respiración acezante tiene un ronquido luctuoso. Álvaro Pío Valencia, hijo insigne del maestro Guillermo Valencia lo encuentra colgado del andamio, con la ayuda de trabajadores de la universidad, lo bajan y lo llevan a casa, donde muere el 27 de marzo de 1957.
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