COCTEAU, ORFEO (1950)


Un film escrito y realizado por el escritor, poeta y pintor surrealista Jean Coctau, en 1950.
Orfeo es un poeta de vanguardia de los años 50; su esposa es por supuesto Eurídice, y los demás personajes, todos con nombres helenos (Aglaonice, Cegueste, Heurtebise), realizan un arreglo libre, diferente, del antiguo y místico mito. La muerte, una exótica, bella mujer, lo mismo que sus acompañantes, pasan y vuelven a través del espejo, como Alicia, a la otra dimensión; pero «la muerte no es un sudario ni una guadaña», y «la muerte del poeta requiere un sacrificio para hacerle inmortal». Ahí el fundamento de una trama en donde lo real se dirige continuamente hacia lo absurdo, para hacer posible una fantasía perenne, adaptada al presente con delicia, poesía y poder.
Sólo la maestría de Cocteau hace posible este fascinante filme, a tono con la definición que allí hace Orfeo del término poeta: «escribir sin ser un escritor»; y esto es así, en medio de los absurdos vivenciados, porque «durmiendo o soñando, el que sueña debe aceptar sus sueños».
El jardín de la casa de Orfeo está adornado con estatuaria griega aquí y allá, mientras la fantasía del filme transita el enigma de la vida por entre las cuerdas más fantásticas de la imaginación, eso que hace del ser humano un dios posible en el mundo de los vivos.
Con Jean Marais como Orfeo, y música de Georges Auric, producción de André Paulvé, esta película quizás confirma que el arte es un artificio para rebasar el dominio de la muerte.



