CIUDAD Y DEMOCRACIA
CARLOS E CAÑAR SARRIA
En su libro “Movimientos Sociales en Colombia”, Pedro Santana se refiere entre otras cosas, a las imposibilidades y posibilidades de construcción de una ciudad democrática. Anota que pensar una ciudad democrática significa participar, construir, crear, vivir, imaginar la comunidad y el escenario urbano; crear nuevas formas de espacio, al tiempo de generar alternativas para gobernar la ciudad y para la participación ciudadana.
Se trata de consolidar una ciudad cuyos escenarios representen la mejor oportunidad de encuentro entre la sociedad civil y el Estado. Y en donde se les permita a los ciudadanos expresar lo que quieren y desean, sus problemas y soluciones, que impliquen reivindicaciones que conlleven a mejorar sus condiciones de vida. Una ciudad sin participación ciudadana es una ciudad estéril. Con participación, la existencia cotidiana resulta confundida con la vida ciudadana y municipal. Por algo algunos sociólogos han coincidido en afirmar que la ciudad es la casa del hombre.
Es cierto que municipios quebrados económicamente, no pueden llenar todas las expectativas de los ciudadanos en el orden de las actividades productivas, la cultura, el deporte, la recreación, el desempleo, el hambre, la desnutrición. Tampoco es posible enfrentar efectivamente problemas derivados en cierta forma de la misma crisis económica, tales como delincuencia, inseguridad, desplazamiento, drogadicción, etc. Asunto que exige la capacidad de los mandatarios municipales de cohesionar los intereses del Estado central dominante con los intereses locales; relación que suele manifestarse conflictiva, pero del tratamiento adecuado de los conflictos, pueden generarse acciones positivas para el bien de las comunidades.
A pesar de las dificultades y deficiencias de la ciudad colombiana no todo es malo. Curtis Robert Glick, afirma que nuestras ciudades cuentan con gracia y vitalidad, fortalezas que no se encuentran en ciudades de otros países. Señala que en Colombia contamos con ciudades de una parte, con arquitectura colonial y republicana, y por otro lado, con construcciones acordes a una sociedad moderna, que merecen atención mundial. Agregando que nuestras ciudades poseen una rica textura social y vitalidad en las calles. De ahí que el encuentro urbano, incluso en las ciudades pequeñas es intensivo, pues el ciudadano tiene la sensación de participar en algo que trasciende lo cotidiano, lo cual explica la emoción y el agrado de participar en ellas. Cualquier acontecimiento se convierte en evento y en motivo de alboroto: la victoria del equipo colombiano en un partido de fútbol, “ la presencia de un forastero, un robo, un entierro, una fiesta particular de puertas a la calle…” Y en este sentido, la ciudad colombiana, no obstante la pobreza y la violencia, se convierte en un sitio relativamente bueno para vivir.
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