¡CHAGALL, CHAGALL!



¡Oh, Chagall, Chagall, qué maravilla! La mujer vuela, el hombre ríe; todo es una sensación ingrávida, el mundo no es una camisa de fuerza.
El cielo despejado, hermoso cromatismo, el aire transparente nos lleva por un ritmo de sorpresas; allí se pueden contar los días de brujedad y libre cambio de ojerizas.
No se obsta, no se injuria; todo merece un glorioso aplauso, no hay obstáculos para desasirse de la tierra; la vida es juego de acrobacias; un circo, un absurdo de audacias, livianas como cuento de hadas, en ese pueblo verde con gracia y sabor de fantasía.
Resulta cómodo cambiar la razón por uno de tus cuadros; el campo nos atrae, nos mete en cuarentena, porque el mundo de por estos lados es un contagio irrisorio de medidas cuerdas, un reloj para obligaciones, tierra, sociedad, y reyes caídos en desgracia.
¿Entraremos allí, estaremos como el figurín, con vestido negro y boca roja, ojos agrandados para la fiesta de los locos sublimes, con los pies livianos y el templo rosado esperando ser mirado atrás? Seguro delante hay un lugar sin puertas, ventanas sin cerrar… Mariposas amarillas quieren entrar allí, se embelesan con esa tierra verde-azul que casi vuela con botas de siete leguas…
¡Oh Chagall, Chagall, nos invitas a un juicio sin herrajes; tal vez hay un caballo alado para entrar en tu mundo alucinado, tal vez un cuento nos ayude a contar minuciosamente cada una de tus mágicas praderas!
RVQ



