Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 9 de octubre de 2026

Cauca: ¿por qué pagamos la energia más costosa del país si tenemos todo para generar la nuestra?

Opinión - Por Neyla Yadira Amú Venté

Cauca: ¿por qué pagamos la energia más costosa del país si tenemos todo para generar la nuestra?

Por: Neyla Yadira Amú.

Crecí en el hermoso Pacífico caucano, rodeada de mar y selva, de alabaos, arrullos y risas que se mezclaban con los juegos en la playa del río. Crecí bajo la fresca sombra de los árboles del pueblo, donde se tejían conversas e historias sobre nuestros ancestros. También crecí terminando mis tareas a punta de vela, creyendo que era normal que nuestros hogares pasaran horas, a veces días, sin energía. Pero no lo era. Cada apagón detenía algo más que la luz: frenaba el trabajo de las familias que dependían de una nevera para vender sus productos, de los pequeños talleres que no podían encender sus máquinas, de los negocios que perdían lo poco que ganaban, eso sucedía y acontece actualmente en mi pueblo, Timbiquí, y también en muchos otros del Cauca. Ahora entiendo que la energía debe dejar de ser un lujo para convertirse en motor de progreso.

Hoy, años después, la situación no es muy diferente, y a eso debemos sumarle que en el Cauca pagamos una de las tarifas más altas del país por el servicio de energía. Así lo muestran los datos de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y de la misma empresa comercializadora: el costo por kilovatio hora está cerca de los $1.048 pesos, mientras en otros departamentos es mucho menor.

De hecho, dos de cada diez habitantes del Cauca no tienen acceso a Energía Eléctrica y cuatro de cada diez habitantes no tienen servicio constante y estable. A manera de ejemplo, la población de López de Micay sufrió cortes de energía durante 83 días del año anterior.

Pero identificado el problema, también podemos identificar la solución: en el Cauca tenemos todo para producir nuestra propia energía, energía limpia y sostenible: Sol, viento, agua, volcanes ¡de sobra! Y estamos bendecidos por unas condiciones geográficas que nos permiten tenerlos disponibles casi todo el año.

Recordemos que en el Valle del Patía y en el Norte Caucano, la radiación solar supera los 4,5 kWh/m²-día, suficiente para crear granjas solares que abastezcan pueblos enteros. En el litoral Pacífico, el viento constante permitiría impulsar proyectos eólicos, mientras que el agua de las cuencas de los ríos como el Micay, Timbiquí, San Jorge y Cauca podrían mover pequeñas hidroeléctricas comunitarias. A esto se suma el poder de nuestros volcanes, para generar energía geotérmica.

Entonces, ¿por qué seguimos pagando tanto? Porque la energía que consumimos se compra a grandes generadores, se transporta desde lejos y se cobra con fórmulas que casi nadie entiende. Porque no hemos logrado que las políticas energéticas nacionales reconozcan que el Cauca no puede seguir pagando el precio de su desconexión.

Esto más que una queja, es una invitación a conversar y a preguntarnos: ¿por qué no podemos ser nosotros mismos quienes generemos y administremos nuestra energía? ¿Por qué no apostarle a proyectos solares en las escuelas, a granjas comunitarias que abastezcan a los barrios, a tarifas más justas que no castiguen la pobreza? a proyectos hidroeléctricos que den potencia a los sueños de los pobladores de las zonas no  abastecidas por la interconexión eléctrica, a disminuir la contaminación generada por las plantas de generación por combustible.

Imaginemos que el dinero que hoy se va en tarifas excesivas a proveedores externos, se quedara aquí, circulando entre campesinos, jóvenes técnicos, mujeres emprendedoras que instalan paneles o gestionan proyectos de energía limpia. Eso también sería fortalecer las rentas del Cauca. Porque el desarrollo no solo se mide en carreteras o edificios, sino en la dignidad de tener acceso a los servicios públicos básicos sin ninguna limitación.

Sueño con un Cauca donde las noches sean claras, no solo por las estrellas, sino porque encender un bombillo no signifique apagar el bolsillo. Donde la energía sea una fuente de vida, no una carga. Tenemos todo: el sol, el viento, los ríos, y sobre todo, la gente. Gente trabajadora, sabia, que conoce su territorio y que está lista para ser parte del cambio. Lo único que falta es voluntad.

La energía del futuro no está lejos: está aquí, en esta tierra.
Y quizás el primer paso para encender ese futuro sea dejar de aceptar que la energía tenga que costarnos tanto.

Articulos relacionados