CARTA ABIERTA
Estoy haciendo un alto en mi tarea de escribir de otras cosas. Me he levantado con una mirada a lo lejos desde lo cercano. Estoy mirando a Proclama y pensando en su labor de gota impertinente sobre el mármol.
Quisiera levantar los ojos y los dedos del teclado y echar a volar como el águila o el sagrado búho por entre la ignara multitud. Quisiera indagar hasta donde la gota ha taladrado. El periodismo es un oficio pedagógico, – no académico -, que intenta horadar conciencias y romper silencios históricos. Escribimos y manchamos la pantalla con nuestros anhelos para abrir boquetes, para gritar por los que no pueden, para maldecir y biendecir, por los que hacen lo contrario, ¿Qué eco producen nuestros intencionados gestos? ¿Sí llega nuestro deseo a la boca y el pan a la mano? ¿Hasta qué punto está Proclama educando para el diálogo y la democracia participativa? ¿Estamos formando un público, un nicho de pensantes de la realidad? ¿Qué evidencias nos lo pueden certificar y hacer palpable?
Decía Enrique Buenaventura en un poema sobre el amor: «Si no hay respuesta no hay poema». Creo que es hora de bajar del éter hasta donde nos eleva Internet y tentar la superficie sobre la que nadamos. ¿Quién nos lee, cuántos nos leen? ¿Cuántos opinan en el espacio que se les brinda? Un sondeo de opinión, una encuesta, un barrido o minga periodística nos podría dar la mano para saber esta verdad. ¿Es verdad que nuestro brazo y nuestra voz alcanza a tocar a uno o dos cuando escribimos?
Entre conocidos y amigos que me dan su mail para que les haga llegar mis escritos tengo una larga fila. Cuando les envío mis escritos o los de otros escritores que publica Proclama en el Bulevar de los días, recibo una que otra respuesta que me saca de la rutina y llena mi ánimo de una sensación de compañía. Alguno que otro me dice que no está acuerdo con mi punto de vista pero me alaba el modo de organizar el pensamiento.
No podemos como seres humanos inteligentes y sensibles esperar que la red despierte o duerma al enfermo, queme o dé bálsamo si no utilizamos los medios que nos brindan mecanismos y procedimientos adecuados al efecto.
Proclama tiene unas mentes ágiles, atentas, valerosas y responsables. ¿Cuán productiva es para la región este grupo de personas que a diario cavilan, penetran oscuridades y navegan entre tormentas y adulaciones, amenazas y palabras engañosas?
Los grandes medios que se mueven por el afán de lucro realizan raitings, miden su capacidad de ventas, su radio de influencia y el número de sus clientes. ¿Será que Proclama puede verificar audiencia, número de entradas en determinado tiempo o semana, en los medios, en la radio, qué clase de público lee y toma la información que difunde por Internet, en Calameo y por el periódico físico? Saber de la repercusión, del impacto y alcance que tiene Poclama en el espacio cercano será sabroso. De lo que sucede en la lejanía poco sabremos. Internet tiene un poder por medio de las ondas que nunca podremos medir. Algunos medios extranjeros de Argentina, Bolivia, España, Venezuela, – me consta -, reproducen a Proclama.
Leopoldo de Quevedo y Monroy
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