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Domingo, 4 de octubre de 2026
domingo 15 abril, 2012 a las 3:21 pm

¿Cambiar para seguir igual?

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
Ya entramos a los primeros cien días de las administraciones municipal y departamental. En realidad muy corto tiempo para medirles el pulso; sin embargo, los primeros cien días pueden dar a presuponer lo que será el resto de los periodos gubernamentales. El alcalde Francisco Fuentes conformó su equipo de gobierno y las distintas secretarías y dependencias municipales comenzaron a trabajar. En infraestructura se reiniciaron obras que la anterior administración dejó inconclusas, como las vías Pomona y del Hospital Susana López, etc. Hay aciertos en la designación de algunos integrantes de su gabinete, como por ejemplo, del apreciado abogado y colega académico y columnista, Luis Guillermo Céspedes Solano en la Secretaría de Gobierno.

Da la impresión que el gobierno no despega. Se inició la administración Fuentes con medidas tales como reajustes al pico y placa que fue bienvenida por vastos sectores ciudadanos. Se entiende que las sociedades son dinámicas y en ocasiones hay que evaluar en su desarrollo las diferentes acciones administrativas para que sigan su curso o se reestructuren. Nos equivocamos cuando pensamos que el reajuste del pico y placa había sido el resultado de un minucioso análisis, de encuestas, conocimiento de límites y alcances, de conversaciones con vastos sectores de la ciudad. Y vuelve la improvisación; se anuncia ‘otro’ reajuste al pico y placa que continuará como en la administración anterior. Es decir, cambiar para seguir igual. Qué pena, pero en el arte de gobernar y sobre todo en temas de ciudad hay que ser precisos y coherentes, porque si no se actúa así, las administraciones corren el riesgo de deslegitimarse y es muy temprano para llegar a tales extremos. Argumentos y carácter son dos virtudes que no se deben menospreciar ante presiones de toda índole que son comunes en el ejercicio del poder. Porque si así se comienza y no se reflexiona y actúa con coherencia, finalmente, quien tiene la misión de gobernar termina obedeciendo. En una democracia la racionalidad es una de las demostraciones del buen gobierno; pero ser racional no necesariamente significa estar asumiendo y revocando medidas a cada rato.

De otro lado, ya es tiempo para que se vayan evidenciando soluciones a las múltiples problemáticas citadinas. La gente vota y ansía que quienes ejercen el poder vayan paulatinamente llenando las múltiples expectativas. Es saludable que los nuevos gobernantes continúen con medidas y programas de sus antecesores que hayan tenido éxito, pero a cada quien debe caracterizar su propia impronta.

En lo que respecta al Gobierno Departamental, según comentarios de la opinión pública, la administración tampoco despega. Encuestas de orden nacional ponen a Temístocles Ortega en desventajosa posición con respecto a otros gobernantes en los tres meses que lleva de gobierno. El gobernador debe impulsar una serie de programas que permitan dinamizar una región donde el subdesarrollo y los problemas de convivencia civilizada caracterizan una sociedad con profundas desigualdades socioeconómicas. Hace dos décadas tuvo la oportunidad de regir los destinos del departamento, pero no se sintieron cambios sustanciales; que si no se dan en esta ocasión, podríamos pensar que con Temístocles Ortega, nos quedaríamos en el pasado. 

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