BRISA Y PAZ TRAE LA POESÍA A CALI


Loco-mbiano

Cali se inundará en su centro y alrededores, en las Comunas y Corregimientos, en Bibliotecas, teatros y Universidades de la brisa que llega del Pacífico en las tardes y de la poesía que nos traen en sus bocas más de 20 poetas. Llegarán como aves migratorias al árbol ya frondoso del Festival Internacional de Poesía de Cali que cumple su edad florida.
Vendrán, como las golondrinas de Bécquer, revolotearán de sitio en sitio, nos cantarán sus gorjeos y volverán a sus nidos originarios a seguir soñando. Nos quedaremos con el sonido de sus arpegios, con el acento variado de sus labios, con la sonatina de sus versos y con las quejas por cuantas lágrimas han visto correr en la patria. Lavarán la sangre derramada, enjugarán el llanto de mujeres ultrajadas y se condolerán con las madres de soldados muertos inútilmente en blackhawks y emboscadas de bando y bando.
La brisa del mar que baja por el cerro desde donde Belalcázar divisó al coloso negro, nos acariciará las caras como lo hacen los versos que bajan por nuestras vísceras llagadas por tanta injusticia y nos anunciarán una paz escurridiza.
No veremos marejadas de gente correr tras la ilusión de la farándula y el ruido de bocinas con coronas de fantasía. Los amantes de la Palabra que sale cristalina como el agua que recordamos de nuestros ríos madres, llenará nuestros oídos y vendará las heridas de la guerra fratricida entre hermanos, padres e hijos de un mismo territorio.
Nunca serán más ciertas las palabras de William C. Williams: «La gente muere día a día porque la poesía no aparece en las noticias». Nos cansamos de ver masacres aquí y allá, de oír sirenas que anuncian incendios de bosques, de ver que nuestras riquezas se acaban en manos de nuevos colonos. Esta semana será un oasis para que los cuerpos reposen y la mente pare de escuchar cómo unos dividen su botín con sus amigos y otros socaban la riqueza que nuestros ancestros cuidaron como un tesoro.
La Poesía nos trae un mensaje siempre nuevo. El de la verdadera paz hecha palabra viva y de esperanza. Palabras que ensalzan a la mujer, al amor, a las noches tranquilas con luna alcanzable. Vendrá la Mesa de Jóvenes Poetas a recordarnos que la juventud está ansiosa de un futuro para ellos, de una Tierra de promisión como la soñó el huilense José Eustasio Rivera. Unos pueblos sin terror ni dientes armados, como lo cantó el nicaragüense Rubén Darío, para nuestros campos con ovejas y ríos y paisaje virgen sin lobos de uñas devastadoras.
Desde el 24 hasta el 28 estaremos alejados como en uno de esos remansos de nuestro a-gotado Río Cali. Cantarán en la alborada los canarios, en la mañana los loros y garzas, a media mañana los ruiseñores o el martín pescador. Bailarán las poetas como las sabaletas y las sardinas y los poetas pintarán ante nuestros ojos el mapa con iguanas verdes y rojas, búhos sabios en meditación y nos lanzarán hasta el azul inmenso de Cali a ensoñar la Patria que esperamos para nuestros hijos, nietos y biznietos.



