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Sábado, 3 de octubre de 2026
lunes 18 abril, 2016 a las 10:22 am

EL AVAL DE LA EXPERIENCIA

Leopoldo
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

EL AVAL DE LA EXPERIENCIA

Leopoldo
https://www.youtube.com/watch?v=3b-K5VrdNSw

Las canas no son signo de la experiencia ni las arrugas. Son el fruto de los años, del cansancio, de las inclemencias, del sufrimiento y del paso de los días.

Algunos dicen que hay que respetar las canas. Pero ellas no son necesariamente señal inequívoca de seriedad o sabiduría. Son sencillamente un manojo o sembrado de cabellos que madura en años más allá de la primavera y el verano y después del otoño y el invierno.

La experiencia, en cambio, puede aparecer temprano como cierto vino joven. Todo consiste en la experticia, la disciplina, el cuidado, la dedicación y… claro, el buen gaznate. Ella es producto del estudio, la persistencia en un propósito, del ensayo repetido en largas noches de espera. Nace de varios intentos de parto, de la inversión de tiempo, de volver la mirada a lado y lado, de superar la equivocación y el error y no desesperarse porque el éxito no llega.

Para que algo pueda llamarse experiencia debe nacer no por casualidad o por arte de magia o porque somos amigos de un genio embotellado que nos pone todo sobre una mesa y ante un auditorio relleno que nos aplauda. Esto podrá llamarse lotería, o favor inmerecido o que algo se metió entre la manga o apareció como un sobre por debajo de manteles.

Si alguien sobresale en algo o en algún arte u oficio, merece el reconocimiento y el premio. Y el sujeto que alcance esta dimensión podrá sentir que es experto por sus propios méritos. No importará que algunos lo alaben y que otros lo tachen de imitador o falso o que su obra tiene defectos porque tiene a su lado otros horizontes o nubarrones que lo rodean.

La experiencia conseguida por el esfuerzo, la capacidad intelectual y la práctica de una habilidad alimentada con trabajo tenaz, insomnios, lecturas, búsquedas puede dar sus frutos como una semilla que se siembra en buena tierra y que se abona, se riega, se poda y se mide día por día. Aunque también hay árboles en descampado que nacen fuertes y producen como el nogal almendras opimas. Pero la experiencia exige el cuidado humano del que la va viendo crecer día a día con sacrificios y hasta altas horas de la noche.

La experiencia es la suma de actividades para alcanzar una meta por un individuo que se lo propone. Como el labriego en el campo sobre un terreno baldío al comienzo, cuando lo adquiere. Lo arregla, le quita la maleza, estudia el tipo de siembra que hará según el clima y la época, la cantidad de plazas, el tipo semilla que empleará, el cuidado posterior, la cosecha, la selección y calidad del producto, el precio por libra o bulto, el mercadeo y la puesta al público.

Así quien escribe, pinta, habla por radio o TV, el médico, mujer u hombre que quiera ejercer un arte o aspire a un cargo. No es por nacer en cuna de rico, por favorecimiento político o por piedad que se adquiere la experiencia.

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