AUTORIDAD Y AUTORITARISMO

De acuerdo con la Web (redes sociales), el autoritarismo, “en las relaciones sociales, es una modalidad del ejercicio de la autoridad que impone la voluntad de quien ejerce el poder en ausencia de un consenso construido de forma participativa, originando un orden social opresivo y carente de libertad y autonomía”. Por su parte, según la misma fuente, la autoridad es “el privilegio de primacía que se reconoce en la influencia benéfica sobre las personas o grupos sociales, entendiendo ese privilegio como una acción que apunta al bien de personas o grupos sociales, mediante una potestad o poder sobre alguien subordinado sin extralimitaciones ni coacciones a la fuerza”.
Ya explicadas las dos palabras para su cabal entendimiento, es bueno, justo y necesario, aplicarlas en diversos campos de la vida nacional y cotidiana, o en diferentes contextos como ahora se dice, para entenderlas mejor y darnos cuenta cómo a cada rato se tergiversan y confunden. Por ejemplo, la actuación extralimitada y discordante del “presidente” Maduro en contra de los colombianos de la frontera, con todas sus humillaciones y vejámenes, es un ejemplo claro de autoritarismo a la novena potencia, que se da en las mentes afiebradas por el poder, usando esa opción como la única manera de desahogar sus inclinaciones machistas, electorales y xenófobas, con el fin de obtener prebendas políticas con miras a las elecciones del próximo mes de diciembre (siendo los paganinis nuestros compatriotas). En contraposición, la actitud dialogante, valiente y pacífica de nuestro presidente Santos, tratando de no caldear los ánimos y de buscar los canales diplomáticos y la ayuda de las organizaciones mundiales como la OEA y la ONU, es un ejemplo prístino de autoridad, reflejado en su alocución presidencial del pasado martes primero de septiembre del presente año, denunciando las ofensas y humillaciones y su incredulidad ante la falta de apoyo de los países vecinos y anunciando la búsqueda de otros grupos de países y la respectiva denuncia ante la CPI (Corte Penal Internacional).
Volviendo al plano cotidiano, encuentro un ejemplo más que me preocupa mucho sobre el uso equivocado de las dos palabras en mención. Como hoy en día, en la mayoría de los hogares colombianos no existe autoridad a la manera antigua que controle de manera correcta a los hijos, entonces esa labor se la pasaron algunos padres de familia a los educadores, quienes tienen que ser prácticamente padres de crianza y educadores a la vez (y las escuelas son guarderías, como se comprobó en el pasado paro de educadores, cuando los “padres se angustiaron al no tener a los educadores para que se los cuidaran”). Y así aparece el conflicto, como hay algunos estudiantes inmanejables, por la falta de autoridad familiar, entonces a los educadores les “toca” hacer ese papel y si no se logra, allí fue Troya, aparecen tirios y troyanos sobre el maestro por “no hacerse respetar de esos muchachos”, como si el maestro los hubiese criado así en la casa, sabiendo que esa es una tarea fundamental de los padres de familia, como se hacía antes.
Como estamos hablando de autoridad, no olvidemos que “en todas las clases sociales, el ejemplo es la mejor forma de autoridad” (cartel de motivación en una fábrica textil de Cataluña, España).




