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- Mateo Malahora
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“Cabe mencionar que en algunas sociedades no se ha dado el concepto de paz, principalmente porque se estaba de manera constante en guerra o preparándose para ella. Para el caso de Roma, esta ausencia de guerras o rebeliones estaba garantizada por un poderoso aparato militar (si vis pacem, para bellum= si quieres la paz, prepara la guerra) vinculado a pactum. La pax romana constituía todo un sistema de orden, control y relación legal, era ausencia de violencia, pero no garantizaba justicia y prosperidad”: Francisco Jiménez Bautista, académico, docente e investigador, Universidad de Granada.
Cuando en 1848 el abogado Carlos Marx y el industrial Federico Engels publicaron la obra “El Manifiesto Comunista” no se imaginaron que en el Siglo XXI constituye, todavía, un referente para el análisis de la economía contemporánea.
Como se sabe, la obra de los estudiosos alemanes es una crítica científica formulada al capitalismo como forma de vida en el mundo, sistema que, pese a sus crisis inherentes y de carácter cíclico, observables históricamente en los Estados Unidos y en la Unión Europea, y en las últimas décadas en Rusia y China, permanece intacto y fortalecido en el contexto de la globalización neoliberal.
No somos economistas ni sociólogos, pero hoy, cuando el presidente Santos ha expresado, categóricamente, que el modelo económico colombiano no está en juego en La Habana, como lo pretendían las FARC, estos son los tres rasgos del capitalismo que son inamovibles en las conversaciones de paz:
1.- Colombia posee un sistema de relaciones de producción basadas en el mercado, incluido el mercado financiero, con sus leyes que lo determinan, producto de la dinámica de los intereses internos e internacionales en juego y cuyo fin supremo es la ganancia y la maximización del beneficio.
2.- Su sistema político se levanta sobre las relaciones de dominio de los sectores sociales que manejan los mercados. El sistema es conservador, periódicamente reformista, cuyo símbolo emblemático es la democracia representativa, monitoreada por los Estados Unidos, en virtud de lazos económicos, políticos, militares y culturales.
3.- La cultura, como forma de pensar, de crear y de ser, se da en un contexto occidental, con predominio de saberes y conocimientos norteamericanos, orientados a perpetuar el flujo racional del mercado, mediante mecanismos y dispositivos sutiles de alienación del alma nacional.
De entrada, las FARC, magnificaron su presencia como actores de paz, al proclamarse como voceros del Ejército del Pueblo colombiano, y, según los primeros comunicados, consideraron que se habían sentado de poder a poder con el establecimiento político colombiano y había llegado la hora de negociar, por oposición, los más sustantivo del socialismo desde las mismas tres perspectivas ya contempladas: modo de producción, sistema político y sistema cultural.
Y, obviamente, los presupuestos de las Farc, con un largo historial de emboscadas, ofensivas indiscriminadas contra la población civil, para atacar puestos de la Policía Nacional, la toma de rehenes, el narcotráfico, el reclutamiento de menores de edad, mezclado con actos de barbarie, configuraron hostilidades militares que se tornaron en un “modus vivendi” y no cifraron nunca para el pueblo esperanza alguna de emancipación.
Razones de orden político, como el no reconocimiento de beligerancia a la grupos armados, a la luz del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra, aplicable a los conflictos armados internos, impidieron que se judicializara a los actores del conflicto como autores de crímenes de guerra y se optara por judicializarlos como autores de crímenes comunes.
Admitidas hoy las causas sociales, económicas y políticas del conflicto colombiano, se recuerda que el primer paso audaz para superarlo lo dio el presidente Belisario Betancur.
Durante su mandato se aprobó una Ley de amnistía en 1982, proceso en el cual participaron las FARC – EP, el EPL, el M-19 y el ELN.
Belisario Betancur no contó con el apoyo de la empresa privada, la fuerza pública, la comunidad internacional, los partidos políticos y el suyo propio, el Partido Conservador, pese a tener un amplio liderazgo y destacarse como un intelectual de alta nombradía en Colombia y fuera del país. El proyecto explotó.
Sobre la mesa de negociaciones, 1983, quedaron firmadas actas para el cese al fuego y cese bilateral de hostilidades militares. Se recordará el bombardeo a “Casa Verde”.
Hoy, las circunstancias políticas nacionales y globales exigen aclimatar la paz. No son los postulados de la economía socialista los que están en la agenda habanera, ni la sustitución de la democracia representativa por la democracia directa y protagónica del pueblo, ni el sistema cultural como vía para perpetuar el flujo del mercado.
Son apenas reformas viables que abran las compuertas de la democracia, para cerrar esta forma inicua de matarnos, aprender que es posible dialogar y negociar, y ser compañeros de justa convivencia con la naturaleza y entre colombianos, para no perpetuar el desangre.




