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Martes, 6 de octubre de 2026

El asedio a la razón

El asedio a la razón
El asedio a la razón
Imagen: https://gemini.google.com/

¿Quién decide tu voto el 8 de marzo?
Manual de defensa contra la mentira industrializada

Alfonso Luna Geller

Hay que decirlo con rigurosa honestidad: lo que usted ve ahora mismo en la pantalla de su celular no es casualidad, es ingeniería social pagada.

Al escribir estas líneas no pretendo atacar a una ideología específica ni descalificar a un candidato en particular. Mi preocupación es más profunda: me alarma la manipulación sistemática de su derecho a elegir. En los procesos electorales contemporáneos, el voto ciudadano ya no compite solo entre programas políticos; compite contra una maquinaria sofisticada de propaganda encubierta que busca sustituir su criterio por el miedo, la rabia o el fanatismo.

Se ha encendido el mercado persa de la desinformación. Pero no nos equivoquemos: las fake news o noticias falsas no son errores informativos ni chismes espontáneos. Son estrategias militares. No buscan convencerlo con argumentos, buscan confundirlo, desgastarlo y desmoralizarlo. Sus objetivos predilectos son los electores indecisos, las personas con baja alfabetización mediática y aquellos saturados de información que, ante el ruido, prefieren la respuesta fácil del odio.

La arquitectura de la trampa

El peligro tiene dos frentes. Por un lado, operan las «bodegas», que han dejado de ser grupos de simpatizantes para convertirse en empresas de sicariato moral. Su táctica es el astroturfing, mediante miles de cuentas falsas y bots, crean la ilusión de que «todo el mundo» apoya o ataca a alguien. Generan una presión social artificial —un efecto de arrastre— para que usted, por miedo a quedar aislado, se sume a una corriente de opinión fabricada en cuartos oscuros.

Por otro lado, enfrentamos una amenaza más sutil: la complicidad de ciertas corporaciones mediáticas que, al servicio de hegemonías económicas, han borrado la frontera entre información y opinión. Cuando un titular no informa, sino que induce, o cuando una noticia se editorializa sin advertencia, el lector deja de ser informado y pasa a ser conducido.

El secuestro de la emoción

Esta artillería apunta a una debilidad humana específica: el sesgo de confirmación. Los estrategas digitales saben que tendemos a creer solo aquello que refuerza lo que ya pensamos. Por eso, estas campañas no le muestran la realidad, sino una versión distorsionada que alimenta sus prejuicios. No quieren su reflexión, quieren su indignación. Buscan anular su corteza prefrontal —donde reside el análisis lógico— para activar el cerebro reptiliano, el que reacciona por instinto de supervivencia.

El resultado es la posverdad: un escenario donde los hechos objetivos importan menos que las creencias personales. A los artífices de la mentira no les importa si una cifra es falsa; les basta con que usted sienta que es verdadera.

La resistencia necesaria

Ante esta avalancha, la prensa regional independiente asume el rol de dique de contención. En Proclama del Pacífico, nos negamos a ser caja de resonancia del ruido. Nuestra tarea es verificar, contrastar y ofrecer contextos.

Se avecinan meses de lodo. La democracia se debilita cuando el voto deja de ser una decisión informada y se convierte en una reacción emocional fabricada. La única defensa posible es el escepticismo activo. Su voto debe ser un acto de libertad intelectual, no una reacción pavloviana ante la mentira industrializada.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller[email protected]