EL ARTE TAMBIÉN HABLA



El ser humano se expresa por medio de símbolos fonéticos o escritos y también por medio de la transformación de materiales en el arte. Los músicos escriben con notas en el pentagrama y las trompetas se animan y las cuerdas de los violines lloran o bailan como ángeles o demonios. Los pintores y artesanos trabajan sobre lienzos, con hilos o tinturas y exaltan la realidad con formas que hablan o denuncian.
Entra uno a un museo o ve un monumento sobre la vía o entra a una casa antigua y sus objetos y muebles y paredes recrean escenas reales o de épocas remotas. Nos reproducen modos de vida que ya no forman parte de las costumbres de esta generación.
Va pasando el visitante de sala en sala por el Museo Nacional en Bogotá y va repasando la historia de nuestra Patria. Allí reposan en sillas antiguas y alcobas arrellanadas mujeres repintadas y personajes con relojes que cuelgan de su bolsillo y pipa en su boca. Algunos son retratos de héroes, otros generales con lujosas charreteras o presidentes o sus familiares. Rara vez ve uno un ciudadano común o un indígena chibcha o gente bañándose en un charco en las afueras de la ciudad. Como en un cuadro de Van Gogh.
Esta vez nos tocó ver en varias salas algunas pinturas de Botero, que evocan su muerte civil en 1948, o la angustia, huida, como las de José Domingo Rodríguez y Hugo Martínez. Pueden conmover estas obras tanto como una masacre o como la propia realidad. Por los ojos entran a la sensibilidad humana los gestos de la mujer que huye con su hijo tal vez del lado de su marido o de la violencia de la guerrilla o de un incendio. Se encoge como para no sentir el calor del fuego o el fragor de las ametralladoras o los gritos a su alrededor y para proteger su hijito entre los brazos.
Sin embargo, es de más impacto entrar a la actual exposición en el MamBo. Hay una serie de instalaciones sobre el piso y cuadros en las paredes que retratan con realismo crudo el daño que están causando la explotación de hidrocarburos y extracción de metales de nuestro suelo.
Vi con asombro una bandera tejida en hilos de colores muy parecida a la de Colombia. No… Sí, era la de Colombia, pero en vez de la ancha franja amarilla que simboliza el oro y la riqueza de metales y aguas y flora, el artista la tejió con negro. No es el petróleo ni el carbón. Es el despojo, a secas, la muerte sobre el mar y la sangre de nuestros héroes libertarios. La obra se titula: Minería y causa horror mirarla. Su autor la legó al Museo de Arte Moderno de Bogotá.
¿Quiénes desdibujan más la bandera en caños y ríos y territorio nacional: la guerrilla, la minería con licencia para socavar, la minería ilegal, los urbanizadores en reservas naturales con licencia ambiental o quienes autorizan desde su escritorio en miles puntos de Colombia?
26-10-16 11:55 a.m.



