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Miércoles, 14 de octubre de 2026

ARISTÓTELES ALUMBRA LA POESÍA- I

aristoteles
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.
aristoteles
https://www.youtube.com/watch?v=WZ-0wRv-V5o

Tuve la fortuna de adquirir un librillo en la 7a. Feria del Libro de Manizales que acaba de celebrarse en la Sede de la Universidad de Caldas. Se trata de una traducción comentada por Juan David García Bacca sobre La Poética, uno de los temas que abordó Aristóteles, Estagira, 384-322 a.C., el maestro de los filósofos.

He tratado con muchos poetas, hombres y mujeres, que hacen poesía. Mas solo a uno o dos de ellos he oído hablar de lo que enseña Aristóteles de ella en este minúsculo Tratado. De todos es sabido que Aristóteles, ingenio raro y profundo, se ocupó de analizar materias físicas, metafísicas, en su ser, sus causas, su finalidad, sus partes y su relación con otras semejantes.

La poesía, o cuestión poética, no podía escapar a su preocupación intelectual. Examinó como un cirujano las piezas que tienen ese ingrediente volátil e incoloro que habita en la literatura y que exhala olores, sonidos y produce revoluciones en el mundo físico y en la psiquis de las personas.

¿Por qué una obra de teatro, como una tragedia, un drama o una comedia, la contemplación de una pintura o un recital de poesía pueden congregar y convocar grandes públicos para verlos en acción y experimentar en sí tales creaciones mentales?

Aristóteles, amante de las causas, la materia, la forma, los cambios, los efectos, las sensaciones y motores del movimiento, se interesó por saber qué había dentro de la poesía. ¿Cuáles eran los resortes que la hacían funcionar como fuerza poderosa que podía provocarse con el uso de la invención humana?

La palabra inventada y trabajada por el ser humano es un guijarro que hiere, un bálsamo que cura, una melodía que seduce o un veneno que revuelve las entrañas y produce escalofríos. La poesía es una mina inagotable de sonidos, avisos luminosos, gritos de angustia, de alucinaciones, conjuros y apariciones, presagios, sombras y hasta maldiciones.

Aristóteles como un brujo divisó con lupa la capacidad creadora e imitadora que contiene el lenguaje humano y lo fue describiendo con precisión en un libro de menos de 50 páginas. Para ello necesitó leer y estudiar las reacciones que causaron las epopeyas de Homero, los dramas y tragedias de Sófocles, Esquilo y Eurípides, Cresfonte o Alcmeón, las comedias de Crates o las poesías de los participantes en las competencias Dionisíacas, organizadas y pagadas por los Arcontes.

¿Qué ingredientes, qué cualidades, qué recursos escondidos en el idioma halló Aristóteles en estas creaciones que mantuvieron a Grecia como la cuna de la sabiduría y el arte? Es pequeño de tamaño el libro mas el cerebro del Filósofo por excelencia puso los fundamentos para analizar la calidad de cualquiera de estos oficios que atreve a abordar un ser humano.

Antes de pisar terreno tan difícil el artista debería tomar este sencillo epítome y releerlo para alcanzar una mínima altura en el intento de acometer la escritura, como quien va a saltar en la garrocha en unas Olimpíadas se prepara en largos y penosos ensayos.

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