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Domingo, 4 de octubre de 2026

Ardor y olvido.

Ardor y olvido.
Ardor y olvido.
Imagen: https://x.com/i/grok

SILVIO AVENDAÑO

El relato: Fuego de mayo, (2025) escrito por Carlos Mauricio Muñoz Bermeo, inicia con las noticias que dieron cuenta del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. La calma en Popayán se quebró, las relaciones armónicas entre los señores y los otros, no pudieron salvar la cortesía. El centro de la ciudad cayó en manos de los saqueadores, incendiarios, asaltantes. Saqueos y destrozos. Las puertas de las casas de las gentes de bien se quebraron, las ventanas de vidrio volaron en pedazos y las antorchas de ira ardieron sobre techos. Los estudiantes no tomaron parte en los desmanes. El centro de la ciudad quedó en manos de los iracundos hasta que el derrumbe del orden llevó a la intervención del ejército. Hubo disparos al aire, sin ningún efecto. Entonces, los soldados apresaron a unos exaltados, a culatazos los llevaron hasta el atrio de la catedral y un pelotón de fusilamiento disparó: ¡Fuego! Catorce civiles cayeron. Pronto los cuerpos fueron arrojados en una fosa, cavada en el cementerio. Uno de los caídos, se salvó. No mucho tiempo antes, en la ciudad, Guillermo León Valencia, Jorge Eliécer Gaitán y Álvaro Pío Valencia hablaron sobre la derrota de Turbay en las elecciones de 1946.

Y el relato parece que olvidara lo sucedido con la explosión política y social en Popayán. Se respira la vida normal como si no se hubiese desatado la violencia. En el Café Eléctrico los jóvenes escuchan canciones, juegan billar, hablan de sus amores. Los voceadores de periódico ofrecen El Liberal. En mayo se acerca el final del curso. Estudiantes van a la casa del profesor para un arreglo de notas, no de latín sino de inglés. Y la trama de la existencia está entretejida por los estudiantes del Champagnat y el Liceo. En la apacible ciudad, sin ningún rastro del 9 de abril, no falta quienes andan en la búsqueda de una guaca. Los jóvenes del Champagnat suben al cráter del volcán Puracé. Los estudiantes del Liceo Nacional no pueden quedarse atrás. Y para no permanecer a un lado planean el ascenso al volcán. El rector del Liceo no está de acuerdo, el alcalde de la ciudad es de la misma opinión. Álvaro Pío Valencia no aprueba la excursión. Sin embargo, la idea, poco a poco, toma fuerza. Y una madrugada, quienes se quedan dormidos, no suben al autobús de la aventura. Por Puracé pasan, llegan a la mina de azufre, e inician el último tramo: la arena negra del volcán. La meta es llegar a la cumbre, al cráter. Al fin gloriosos por la hazaña, toman fotografías. Un relámpago azul, trueno, polvo y lava … El 26 de mayo de 1949 la ciudad se cubre de cenizas. Los rescatistas marchan hacia la cumbre del desastre. Carbonizados y destrozados encuentran los cuerpos… y hay quien escapa de la muerte. Y la excursión termina en diecisiete fosas en el cementerio.


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