Apología de la paz


El país respira un nuevo aire, el aire de la paz. Después de cuatro años de largas y duras jornadas, de diálogos y discusiones, de inconvenientes por doquier; de no pocas adversidades, de paciencia inalterable, se firmó la semana pasada el acuerdo definitivo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc. El mejor acuerdo posible señaló Humberto de la Calle, líder negociador en La Habana.
Después de casi seis décadas de guerra, caracterizadas por acciones terroristas, secuestros, reclutamiento de niños; de violación de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, el país tiene la posibilidad de transitar el camino de la paz y la reconciliación nacional.
Queda pendiente la realización del plebiscito para refrendar el acuerdo definitivo de paz y prácticamente los promotores del Sí y del No ya están en campaña, cuya característica fundamental es la pedagogía.
El acuerdo de paz definitivo, como bien los advirtió el presidente Santos, es inalterable, contrario a lo que piensan los detractores del proceso de paz que han puesto una serie de reparos y obstáculos a las negociaciones de paz y al acuerdo definitivo. Ya están abogando por el No en el plebiscito que se llevará a cabo el domingo 2 de octubre. Oscar Iván Zuluaga enfatizó que de ganar el Centro Democrático las elecciones de 2018, quedarían invalidados los acuerdos con las Farc; divaga como si lo pactado se pudiese anular o modificar así tan fácil.
En entrevista televisiva se le preguntó al presidente, que en caso de ganar el No en el plebiscito qué pasaría, respondió que eso no va a pasar dado el ánimo generalizado de la gente que quiere una paz estable y duradera, pero que en caso remoto de ganar el No, el resultado es que regresaríamos los colombianos a la guerra.
La verdad es que Santos tiene razón, el ambiente de paz ha crecido con el anuncio de la firma del acuerdo definitivo y seremos muchos los compatriotas que votaremos el Sí, pues se trata nada menos, de la más grande oportunidad de paz que tiene el país después de tantos años de guerra absurda.

El país debe entender que llegó la hora de ponerle fin a un conflicto que ha dejado miles de muertos, secuestros, desplazamientos forzados, afectaciones a la población civil, daños a la infraestructura nacional, desconfianza de la inversión extranjera y mucha secuela de pobreza y de miseria.
La posibilidad de un país en paz, hará más fuerte el régimen político democrático: mayor apertura política en un país donde los partidos tradicionales y otros apéndices de los mismos han monopolizado el poder; un nuevo país donde los recursos económicos antes empleados en la guerra, se inviertan en la atención de las demandas sociales que tienen a Colombia en condiciones de extrema pobreza, etc.
La anunciada inversión económica en el campo y la prosperidad de ciudades y pueblos nos vislumbran un país transitando los terrenos de la modernización con modernidad, es decir, progreso económico con desarrollo social; atención de las profundas desigualdades socioeconómicas tras el logro de un país incluyente, tolerante, con una cultura política que priorice el diálogo para dirimir las diferencias entre los colombianos.
Que estos cambios no podrán darse de la noche a la mañana, es cierto, pero con el compromiso de todos los colombianos, podemos realizar los sueños que exigen la construcción de la cultura de la paz.
Reiteramos en que se equivocan quienes piensan que votando No en el plebiscito es hacerle la oposición a Santos. Son dos episodios diferentes. La paz no es de Santos es compromiso y responsabilidad de todos los colombianos. Pocos o muchos no podrán querer a Santos pero quieren la paz. La coyuntura histórica por la que atraviesa el país no está para odios ni mezquindades, la paz es una necesidad y una prioridad.
Reiteramos también, que si Santos es capaz de entregarnos un país en paz, debemos darnos por bien servidos los colombianos. El presidente se la ha jugado toda por la paz; ha arriesgado su capital político, su bienestar personal y la tranquilidad familiar. Si Santos es capaz de persuadir no sólo al enemigo histórico que son las Farc, sino también al resto de compatriotas cansados de tanta guerra, de tanta sangre derramada y de tanta pérdida material, de que la paz es una empresa rentable que a todos nos favorece, podemos asegurar con contundencia que el Presidente le ha cumplido a su pueblo.
Está en nuestras manos la decisión de construir la paz. De ofrecerles a las próximas generaciones la posibilidad de estar tranquilas. De respirar en condiciones de seguridad y de dignidad. Con la paz todo lo bueno será posible. Si continuamos en guerra, será la historia la que nos pasará la cuenta, obviamente onerosa y cruel.



