APARTES DE MI DIARIO
Reinel Gutiérrez
Una abuela. Hoy es el entierro de una abuelita de 94 años, que murió al parecer cansada de tanto vivir, porque no estaba gravemente enferma en el momento de despedirse. En todo caso, dejó de existir y mucha gente concurrió en este día a su despedida en la iglesia y el cementerio. Vi a un joven, tipo gamín, con su ropa sucia, su gorrita cargada de mugre y rota, muy apegado al féretro. Tal vez sería un allegado o un amigo de la viejecita, quien estaba expresando su sentimiento. Comprendí que los sentimientos no tienen vestido negro ni de otro color. No se perfuman, ni se bañan, ni se maquillan. Los sentimientos son y están, y en ultimas me dio mucha más lástima y pena por el gamín que por la abuelita.
Testiculado. Un hermoso niño discretamente vestido y seguramente adorable, porque a un año de edad, cuando recién empieza a caminar, debe recibir todas las caricias y afectos, lo veo hoy sostenido de su madre. El pequeño e inocente ser humano, algo tiene en la mano que luego arroja al piso. Su mamá, muy diligente y muy oportuna le grita: «para qué lo dejas caer, guevón». Ese término en nuestro medio es sinónimo de bruto, o ignorante y además con dificultad para caminar. Así crecerá el niño, pensando que él es así.
Paliza. Era algo así como las 8 de la noche, cuando observé este castigo. Varios hombres, decididos, fuertes, y un poco agresivos, colocaron a la víctima en el centro. De la pandilla, uno se atrevió a darle el primer golpe, que lo movió unos tres metros, en donde otro de fortaleza, le asestó el segundo. De allí para allá fue una golpiza intensa, y no entendía cómo tantas personas se unen para este tipo de acciones. Va el golpeado de un lugar para otro, y así se completó más de media hora. Los agresores cansados decidieron sentarse un rato, secarse el sudor y también para hidratarse. Una vez tomaron aire y resistencia, lo colocaron en medio y una vez más, las patadas por todas partes. Lo salvó el tiempo, pues los agresores habían dicho que durante 90 minutos sería golpeado el pobre balón. Hasta que terminó el partido y esta noche el balón descansa.
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