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Jueves, 1 de octubre de 2026

Anécdota de una columna – II

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Anécdota de una columna
Anécdota de una columna – II]
Foto: El Colombiano

Anécdota de una columna – II

Donaldo Mendoza

Para esta segunda y última entrega, me aventuré en la búsqueda de una aguja en el pajar: hallar entre dispersos recortes de prensa una anécdota que involucrara a personajes de la cultura o literatura colombiana, ¡y la encontré! Para nostálgicos lectores, mayores de sesenta, será grato este reencuentro con «El extraño caso del ‘Cofrade’ y el libro fantasma»; dejo para el final de la columna la punzante aguja. Y ‘aperturo’ con las anécdotas del “Diccionario” que alcancen a entrar.

 Edison, Thomas Alva (1847-1931). Inventor estadounidense que se destacó por su fecundidad en la innovación tecnológica. Entre sus inventos: la lámpara eléctrica incandescente, el cinetoscopio, el teléfono impresor, el micrófono, el mimeógrafo…    

    «Como sabemos, Edison fue el primero en construir el fonógrafo. Y un día un amigo le dijo:

  –Desde que inventaste la primera máquina parlante…

  –No, no; la primera no.

  –¿Cómo que no?

  –La primera máquina parlante la inventó Dios, hace muchos miles de años, de la costilla de Adán».

    France, Anatole (1844-1924). Escritor francés. Premio Nobel de Literatura en 1921 y una de las figuras más importantes de la literatura francesa del siglo XX.

    «Cuando le preguntaban al escritor sobre su trabajo, éste respondía:

   –Los días que trabajo más son los domingos.

   –¿Y los otros días, no?

   –No; los otros días no escribo».

    Gabin, Jean (1904-1976). Famoso actor del cine francés. Llegó a la fama con el filme Les bas-fonds e intervino en la versión al cine de Les miserables de Víctor Hugo.

   «Gabin no tuvo hijos ni se casó nunca. Y, sin embargo, se le atribuye un bonito pensamiento relacionado con los hijos. En cierta ocasión visitaba un colegio de niños y preguntaba a una de las profesoras:

    –¿Le gusta tratar con tantos niños?

    –Sí, muchísimo.

    –¿Y por qué le gusta?

    –Pues, porque quiero mucho a los niños.

    –Si me lo permite, le voy a dar mi opinión, aunque nunca he tenido hijos ni he tratado a muchos niños. Pero me parece que lo más importante no es querer a los niños, sino hacerse querer por ellos. Acaso esto también sea lo más difícil».

    Galileo Galilei (1564-1642). Naturalista, matemático y astrónomo italiano. Formuló la ley de la caída de los cuerpos e inventó el telescopio. Inmortalizado por haber tenido el valor de proclamar que la Tierra giraba al rededor del Sol…

    «Galileo intentó demostrar que, en algunas cosas, los hombres habían estado siempre equivocados. Aseguraba que no había nada tan difícil como convencer de sus equivocaciones a los hombres. … Según la doctrina de Aristóteles, el centro nervioso del cuerpo es el corazón. Galileo, examinando un cadáver, descubrió que al corazón llegaba un solo nervio y que todo el sistema nervioso procedía del cerebro; y así lo explicó y lo demostró a sus alumnos. Uno de los alumnos, después de oírle le dijo:

    –Usted ha explicado lo relativo a los nervios con tanta claridad que, si no fuera porque Aristóteles asegura que nuestro centro nervioso es el corazón, diría que tiene usted razón».

    Ibsen, Henrik (1828-1906). Noruego, uno de los principales dramaturgos de todos los tiempos. Vivió exiliado en Italia y Alemania cuando abandonó su patria por problemas políticos. Regresó en 1891.

    «Decidido a dedicar su vida a la literatura, fue al pueblo a donde vivía su familia y se lo dijo a todos.

    –¿Y para qué te vas a dedicar a esa profesión? –Le preguntó su padre.

    –Quiero llegar a tener una visión un poco más clara de la verdad de la vida y de los hombres.

    Su hermana, sorprendida y curiosa, le preguntó:

    –¿Y si llegas a tenerla, qué harás con esa verdad?

    Ibsen le contestó convencido:

    –Morir tranquilo».

    «Una de las anécdotas del libro se la refirió a Gonzalo España el escritor Juan Gustavo Cobo Borda, otrora director de la librería Buchholz. El ‘Cofrade’ Alfonso Palacio Rudas acudió un día al edificio de siete pisos en la avenida Jiménez con carrera octava, y alabó un nuevo libro hallado en uno de los anaqueles. “Ese día iba envuelto en una espesa gabardina. Al salir, el libro no fue encontrado en ninguna parte”, dice España. Cobo Borda le envió la cuenta de cobro al ‘Cofrade’, que respondió con un cheque pagando el libro, y una nota que decía: “Mi querido amigo, estoy enviándole este cheque por un libro que, sin haber salido de su patrimonio, tampoco ha entrado en el mío”».

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Donaldo Mendoza

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