EL AMOR REVIVE CADA DÍA



Amanecí romántico. Se me ha vuelto una costumbre. Miro las personas, las cosas, los sentimientos, las ideas desde la perspectiva del amor. ¿De cuál Amor? De aquel poquito fuego intenso que el ser humano necesita para vivir. Porque sin amor no podemos existir ni vivir. Sin embargo, difícil corcel es el amor.
Un iluminado dijo un día: “El amor todo lo puede. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no busca lo suyo, sino que goza con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”.
¿Tendrá que ver con la Poesía? Tal vez no. Porque entonces los que no escriben poesía no podrían amar. Sin embargo, los poetas lo pueden comprender mejor. En efecto, el amor es un sentimiento real de peso pluma. Es vivir en un mundo distinto al de la mentira, la bajeza, el crimen o la corrupción. Es vivir, como una bombilla incandescente. Porque si es amor, no se apaga nunca.
Envejecerán las personas, saldrán canas, vendrá la calvicie, pero el amor permanecerá vivo y ardiente. Será una llama indeficiente, brillante y que ilumina, que arde y quema y hace mover las fibras de los sentidos. Lo sentirán sus parejas, su familia, sus amigos y extraños.
El ojo mira con ternura y compasión. Quien tiene amor no puede mirar a veces con dulzura y luego con desprecio u odio. El oído no es sordo a los reclamos y quejas. Oye y hace recapacitar, no es esquivo a los quejidos, a los requiebros, a los ayes de dolor. El amor siente en sí y le alcanza para sentir el dolor y la angustia del otro. Disculpa y perdona sin poner límites ni plazos. No es una moneda de dos caras, una de sello y la otra de cara. Una para aprobar y otra para condenar.
Quien tiene amor será feliz. Abrazará por donde pase. No seleccionará a quién mirar, no recrimina ni ofende. No anda del brazo con la ira o el rencor.
Ah, el amor. El amor es brasa permanente. Cada día de la vida renueva sus tallos. No envejece aunque habite en un cuerpo arrugado, pequeño o desfigurado o que lleve animando al ser que lo porta por muchísimos años. Y da de sí su calor, su suavidad y la palabra que calma y sutura las heridas. Cuántos no saben qué es amor y lo simulan en su lenguaje asimilándolo con la felicidad.
No se podrá ser feliz si no hay amor en el ser humano. El amor no engaña ni se reemplaza por un sucedáneo o una careta con sonrisa que muestra lo que no hay adentro. La felicidad no anda sola. Su compañero inseparable es el amor. El amor es ciego y anda acompañado de la locura.



