América soñada

América soñada

Silvio E. Avendaño C.
Una doble visión de la ciudad. Por una parte, la ciudad, tal como lo plantea Alfonso Reyes en Visión de Anahuac, o bien como se dibuja el Cuzco, en el reino incaico, y la ciudad española. Ambas ciudades se caracterizaban por la casa de los dioses, el mercado y el palacio del emperador, Es significativo que los españoles hayan incendiado la ciudad, Teotihuacan, pues no podían admitir que la ciudad americana fuese mayor que la ciudad española. De esta manera, la ciudad hispánica se impuso: “los motivos deberían comprender las bases legales de la nueva ciudad. Deberían ofrecer la sumisión y declarar su disposición a aceptar el evangelio, a cambio de la promesa de no perder sus libertades y sus propiedades si lo hacían, dándoles el debido tiempo para considerar el asunto. Pero también fueron amenazados y atacados, si se negaban a aceptar la conquista. Solamente existía un Dios, que había creado el hombre y la tierra entre los cuales estaban los indígenas.” El dios tenía un representante en la tierra, el sucesor de Pedro quien poseía las dos llaves: el poder espiritual y el poder temporal.
Alfonso Reyes señala como América estaba en la imaginación desde el antiguo Egipto, desde Platón, desde Séneca. América, antes de ser un hecho comprobado, es un presentimiento a la vez científico y poético. Mucho más, la llegada de Colón, en la segunda expansión europea en el Siglo XV produjo una exacerbación mitológica. La utopía clásica de la edad de oro, poco a poco, había de ser un lugar imposible por un sueño del paraíso terrestre: “Antes de ser descubierta América era ya presentida en los sueños y en los atisbos de la ciencia. A la necesidad de completar la figura política de la tierra. El rey de la fábula poseía la moneda rota: faltaba el otro fragmento para descifrar la leyenda de sus destinos. Ora se hablaba como en la Atlántida de Platón, de un continente desaparecido en el vórtice de los océanos; ora, como la Última Thule de Séneca, de un continente por aparecer más allá de los horizontes marinos. Antes de dejarse sentir por su presencia, América se dejaba sentir por su ausencia.”
Bien puede pensarse en su “espejismo”, pues a la larga América fue producto de errores geográficos y algunos aciertos científicos. Y, “desde un principio comenzó América a definirse, en los ojos de los humanistas, como posible campo para realizarse el sueño irrealizable de la justicia, el espacio para la libertad –tan perseguida- la felicidad real y concreta en el mundo real, una soñada república donde se hiciese posible el mundo que la filosofía de Platón señala como la dynamis entre la realidad y la idea.” Así cuando Hernán Cortés y sus hombres “polvo, sudor y hierro” se encuentran a sus pies en la pintoresca ciudad “Estáticos ante el nopal del águila y la serpiente –compendio feliz de nuestro campo, oyeron la voz agorera- que les permitía asilo sobre esos lagos hospitalarios.” Luego fueron descendiendo y se encontraron con un pueblo ataviado a la espera de un emperador.” Lo que vio Cortés, lo que vio Bernal Díaz, lo que vio Gomorra, no podía creerse, pues ante sus ojos estallaba el brillo.
Alfonso Reyes elabora una analogía entre Roma y América. El rey Latino y Moctezuma, imbuidos por la religión, se acogen al oráculo. Éste había predicho que llegarían de lejos hombres aguerridos para adueñarse de sus tierras y apoderarse de su reino. La reacción de Turno y Guatemoc, caudillos no sofisticados por los excesos de la superstición, se entregaron, Turno a Eneas y Guatemoc a Cortés “Somos vuestros, disponed de nosotros”.
Y, ¿es la ciudad americana el espacio de la libertad?
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