AMADEO GONZÁLEZ Y SU LOCURA DE CUATRO TABLAS


Loco-mbiano

Todavía se ve en el rostro de Amadeo la sonrisa de niño con una ruleta de viento en la mano o una cuerda con la que corretea una cometa en el firmamento. Conserva la fruición de ser feliz oyendo un poema o presentando a un escritor ante un auditorio. Su corazón palpita con la más oculta vibración de arte o de cultura en su presencia.
Abogado de la Universidad del Cauca, Magister del Externado de Colombia, defensor de causas impensadas, juglar de senderos pueblerinos, amigo de artistas, locos y afiebrados, esposo de una mujer que lo eleva, padre de dos luceros que lo iluminan. Este es Amadeo, en pocas palabras. Pero hay más.
Quienes lo conocemos de cerca lo consideramos uno de esos hombres que ya no se ven como en siglos anteriores. No es que sea un hombre antediluviano. Amadeo es un mecenas, un filántropo que no espera retribución a cambio, un promotor con todas letras, desinteresado, generoso con alma, vida y familia que lo apoya. Es un loco, como Diógenes. Anda buscando otros locos y locas que anden por el mundo cantando y fabulando para ayudarlos a llevar la carga de ilusiones.
Acaba de clausurar en Garzón, su natal ciudad, la vecina del otrora majestuoso Río Magdalena, herido de muerte por la ambición y la mentira, dos eventos contemporáneos: El IV Encuentro de Mujeres poetas del Huila e invitados y el IV Aniversario del Centro Cultural Cuatro Tablas, obras a las que le dio vida y funcionamiento.
A la vetusta y señorial Garzón llevó este año Amadeo una corte de poetas e invitados especiales: a la inmensa y alta Gloria Cepeda Vargas y a Gloria María Medina, caleñas de pura cepa, a quienes les obsequió la publicación de sus poemarios. La Colombia que yo quiero y Otra noche en Colombia a la primera y María, mujer de tierra a la segunda.
Además, llevó a varias poetas de los grupos que pregonan la poesía en diferentes grupos de Cali, como Doly Enríquez, Virginia Martínez, Elisa Posada, Mónica Ossa y al juglar y palabrero Mauricio Trujillo. Por supuesto, tenía otros invitados de Neiva, Garzón y Bogotá, como Amparo Andrade, Gladys Cruz y Martha Cecilia Cedeño.
A la correría de palabras acudieron invitados los escritores Diego Calle Cadavid, Juan Pablo Rojas, Marcos Fabián Herrera y el promotor, editor y escritor Milcíades Arévalo. Se sumó a la comitiva el escultor de La Jagua Emiro Garzón quien nos deleitó con el poema Los Potros de José Eustasio Rivera en el que se inspiró para realizar una serie de epopeyas en bronce. También obsequió sendas réplicas de una mujer que exhibe su belleza, a las dos poetas que lanzaron libros.

Queda en el rescoldo de los recuerdos la imagen de una ciudad de tradiciones, como la procesión grupal de los amigos para acompañar al difunto desde la casa al cementerio, la magia de la población donde tiene su Taller el maestro Emiro y la bonhomía del anfitrión y su familia.



