ÁLVARO THOMAS, VIERNES SANTO


Interesante abstracción. Busco las palabras, y me son esquivas. Podrían surgir a partir de la aureola luminosa central, característica de los santos y de las dolorosas de los viernes santos, y proceder a «entender» relaciones cromáticas y dinámicas de las líneas de fuerza.
Un rojo de sangre se riega hacia abajo y hacia la periferia con su contundente calor cromático, mientras tonos fríos, violeta, azul, negro, verde apagado, hacen coreografía cubriendo la luminosidad santa del centro. ¿Qué puede arder en esta noche de acentos planos en color, cómo rastrear la interioridad significante de la imagen, cómo contemplar sin distraer el espíritu con analogías conceptuales o la frialdad de las palabras? La idea, me atrevo, se sustrae a códigos anotados en pensamiento de palabras; «aurorea», por el contrario, como un mandala-imagen donde habla una sensación inédita: la sangre dolorosa de la pasión, ese rojo espléndido que llora desde el centro, desde esa pequeña cruz de donde procede, y entonces, conmovedoramente, hace catarsis en los sentidos que contemplan un cuadro de músicas cromáticas repartiéndose la imagen; fraccionando la imagen con sus mapas delineados por fronteras curvas, sinuosas como un pantano oscuro, salvado del olvido por la fuerza imperante de los ríos de color que lo forman.
«Viernes Santo»; viernes para olvidar el tiempo de las formas reconocibles y abismarnos en ritmos abstractos. La contemplación nos suprime del contexto de una realidad visible, y nos sumerge en una experiencia interna, como debe ser toda experiencia mística, religiosa. No preguntemos qué es; digamos, más bien, que este sketch de Álvaro Thomas, en técnica virtual, es un ímpetu del espíritu para llenarnos la contemplación con una ausencia de respuestas racionales, porque la lógica la reemplaza el vigor abstracto de las formas.
RVQ.




