Álvaro Pío Valencia

Álvaro Pío Valencia
Orador en favor de la soberanía de los pueblos de América Latina

El martes 11 de septiembre de 1973 ocurrió el golpe de Estado en Chile contra el presidente Salvador Allende y su gobierno. El viernes 14 se organizó en Popayán, en el Colegio Mayor del Cauca, cuya rectora era la profesora Ruth Cepeda, una velada de repudio a esos hechos; el orador principal fue el doctor Álvaro Pío Valencia, académico, único miembro de izquierda del Concejo Municipal de la ciudad y referente intelectual, social y popular por antonomasia en la capital del Cauca.
El doctor Valencia recordó que, en 1933, con 22 años, conoció Chile en un viaje que a partir del Brasil hicieron por el Cono Sur con su padre, el político y escritor Guillermo Valencia. Éste había sido designado miembro de la Comisión Diplomática colombiana para la resolución del conflicto armado con el Perú (hostilidades que se iniciaron un año antes, con la ocupación peruana de Leticia, el puerto colombiano en el río Amazonas). La Paz de Río de Janeiro se firmó en 1934.
Recordó Álvaro Pío Valencia que Chile siempre fue un país de intelectualidad e inquietudes sociales donde, como en Argentina y Uruguay del primer tercio del siglo XX, no era extraño oír hablar de ideas socialistas y de posibilidades políticas para las mismas. De hecho, cinco años después, en 1938, triunfaría en las elecciones presidenciales un Frente Popular encabezado por el educador Pedro Aguirre Cerda; de su gobierno, como ministro de Salud, hizo parte un joven de 30 años: el médico Salvador Allende.
El orador se refirió a la jerarquía católica chilena, siempre afín a las oligarquías, y cómo, salvo excepciones, se plegó al golpe miserable del general Augusto Pinochet y sus cómplices, operación intervencionista fraguada desde la capital norteamericana por Nixon y Kissinger y encargada a la CIA.
Operación que segó y dañó a miles de vidas, incluidas las de muchas víctimas cristianas que estaban con el proyecto de Allende. Los militares y sus aliados civiles también expulsaron a otros miles, entre los que igualmente hubo destacadas figuras católicas, de otros credos o sin credo, y figuras de las ciencias, de las artes y la cultura, de la política democrática, del sindicalismo, del periodismo, etc.
Así como criticó a los jerarcas religiosos y al falaz periodismo de derecha, criticó Álvaro Pío Valencia a la jerarquía del poder judicial, los magistrados las altas Cortes que, con honrosas y escasas excepciones, se hicieron instrumentales, cómplices del golpe y pretendieron disfrazar de legitimidad un proceso de exterminio político hasta entonces nunca visto en América latina.
Resaltó el doctor Valencia el vigor y el valor de quienes encabezaban los mundos del trabajo, tanto material como intelectual de Chile, desde los sindicatos mineros del cobre hasta los escritores, artistas y educadores (el primero de los cuales era el galardonado poeta Pablo Neruda, gran aliado del presidente que cayó el 11 de septiembre de 1973), y anticipó que iniciarían un largo y tortuoso camino de resistencia. De nuevo, como les había tocado hacerlo tantas veces en el pasado.
Finalmente expresó que, en el público presente, la juventud universitaria, veía los elementos que en todos los países harían incansablemente solidaridad con Chile porque el sueño de la Unidad Popular era compartido, era la ilusión de una nueva generación que aspiraba a justicia, libertad, educación, oportunidades, inclusión y decencia: defensa de la soberanía de un pueblo y del rumbo que había decidido darle a su destino.




