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Lunes, 5 de octubre de 2026
miércoles 13 julio, 2011 a las 8:50 pm

Algo raro pasa en Quilichao

Por: Luís Barrera
La segunda población del departamento, Santander de Quilichao, se convirtió en un abrir y cerrar de ojos, en la ciudad referente del Cauca en temas de desarrollo regional y bienestar social para sus habitantes.
Las inversiones tanto del Estado en todas sus instancias y del sector privado en proyectos productivos la colocan, sin lugar a dudas, en una ciudad con promisorio futuro y en donde se puede palpar la coherencia y continuidad de políticas de ciudad por parte de los gobernantes y la dirigencia local.
De Santander de Quilichao podríamos decir entonces que pese a las obvias diferencias, aciertos y equivocaciones de sus mandatarios y gobernados, ha sido un lugar donde, en términos generales, los derechos y los deberes de la población se construyeron en espacios de participación y democráticos luchados con base en iniciativas audaces y visionarias, que han buscado representar al colectivo social en la satisfacción de los derechos políticos, sociales, culturales y económicos propios de la ciudadanía, sin mayores enfrentamientos encarnizados, como suele ocurrir en otras poblaciones con odios viscerales y pugnas irreconciliables.
No quiero decir con ello que no existan contradictores de la administración municipal, ni que no se deba ejercer el control político y que todo acto satisface las aspiraciones de los intereses generales de la ciudad, sino que para Santander, por la calidad demostrada de sus líderes, concejales, gobernantes y dirigentes actuales, el futuro se construye siempre mirando lo positivo de su pasado.
Ese pasado de tradiciones sanas, costumbres, leyendas y vivencias, de hombres y mujeres notables que la han convertido en un lugar con la magia de ser uno de los mejores vivideros para muchos e “infierno” para otros, pues “algo raro está pasando en Quilichao.”
Ese futuro obviamente se construye con el tesón y la fuerza de su gente, con la transparencia de sus acciones, pero sobre todo con el profundo amor y orgullo de los Quilichagueños por esta tierra que los ha visto nacer, crecer y morir. Muchos no han nacido en esta ciudad pero la viven y la aman con profunda convicción y respeto por todo lo que ella implica y por todo lo que representa para sus generaciones pasadas y futuras.
No se puede ocultar que la violencia terrorista y delincuencial que soporta últimamente ha afectado la calidad de vida de sus habitantes de una manera determinante. El temor y la inseguridad derivados de ella en sus aspectos emocionales más básicos, son una de las problemáticas inherentes a la vida urbana de una sociedad que está mutando de pueblo grande a ciudad.
Estas percepciones y realidades inocultables no sólo alteran y condicionan los hábitos de las personas que viven en Santander, tanto de manera general, devaluando su libertad y su calidad de vida, inhibiendo sus hábitos sociales, condicionando el desarrollo de algunas de sus actividades, como individualmente generando estrés, ansiedad, reducción de movilidad, rechazo de contactos sociales, e incertidumbre, sino que además contribuyen al establecimiento o modificación de los lazos afectivos que establecieron los propios Quilichagueños con el territorio de sus sueños.
No obstante soy de los que creen que la ciudad está siendo bien gobernada por las últimas administraciones y en medio de los momentos de zozobra, miedo y la inestabilidad provocados por lamentables hechos violentos, siguen habiendo motivos superiores para que la gente esté más optimista y sienta renacer sus esperanzas por la ciudad, y es el desarrollo social alcanzado con las obras que en materia de salud, educación, vivienda, espacio urbano, convivencia ciudadana, cultura y vías está ejecutando la actual administración
El crecimiento económico y el mayor desarrollo social hacen que los Quilichagueños puedan y deban ver a la ciudad con mejor optimismo a pesar de estas intranquilidades. En otras palabras, no hay que desmotivarse sino mas bien estimular el renacimiento de la esperanza en sus gentes, propios y por adopción, convertida en los espacios de la gobernabilidad política y económica por excelencia, así algunos en las bancas del parque, tertuliaderos y bebederos «no apuestan ni un peso» a la culminación exitosa de Juan José Fernández Mera al frente de los destinos de la ciudad.
Porque es que no se puede desconocer que quizás con algunas equivocaciones, este gobierno municipal ha impulsado políticas de crecimiento y productividad para una economía regional competitiva, proyectos de conectividad e integración para la eficiente movilidad de las personas, iniciativas para desarrollar una nueva cultura regional orientada al emprendimiento y la innovación. Y además, se han promovido la concertación público-privada y el fortalecimiento del rol estratégico que deben desempeñar los agentes institucionales locales y regionales.
Luego, es necesario recordar que sobre la base de la participación ciudadana en la toma de decisiones gubernamentales, y en este caso de la selección de candidatos de elección popular, es esta población Nortecaucana no pueden los Quilichagueños perder el norte y olvidarse del fin que persigue este proceso de elecciones locales, cual es el de escuchar la voz del supremo soberano, el pueblo, respetando sus decisiones y preferencias.
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