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Sábado, 3 de octubre de 2026

ALGO PERSONAL

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ALGO PERSONAL
(disculpen)
Con Anuar Astudillo

Habíamos estado compartiendo virtualmente unas imágenes de nuestra autoría, y entonces apareció en escena un diseño decorativo mío para un mueble.

ALGO PERSONAL

Rodrigo Valencia Q.
Por Rodrigo Valencia Q.

Anuar Astudillo Astudillo: Una intrincada cenefa…

Adolfo me mostró un mueble que dijo construyó su padre… Entiendo que era un artista de múltiples talentos…

RVQ: Sí. Yo aprendí a hacer esas cosas con mi papá, pero mis diseños son un tanto diferentes a los de él. Los míos son más «intrincados», como bien dices.

El mueble que tiene Adolfo lo hizo Rodrigo Alegría, que trabajó con mi padre. O sea, el mueble responde a un diseño de mi papá.

Anuar Astudillo: Ya Entiendo. Interesantes épocas, cuando aún muchas cosas seguían siendo de factura artesanal…

RVQ: Claro. Yo trabajé siete años seguidos ayudándole a mi padre. Yo tallaba el cuero, junto con papá, mamá y mis hermanos Lydia y Carlitos.

Fueron años que aprecio mucho; diría que los mejores de mi vida; años 70, era novio de Amparo. Yo casi no ganaba nada, pero no me importaba, mis ideales eran otros (espirituales, más que todo). En 1976 a mi padre tuvieron que operarle ambos ojos de catarata (muy distinta a las cirugías de hoy, más inmediatas y de pronta recuperación), y entonces no volvió a hacer muebles estilo español. Mi papá se había dedicado a ese negocio porque vivir de la pintura en una ciudad parroquial como Popayán ¡era imposible!

Al año siguiente yo me casé con Amparo; yo prácticamente no tenía profesión, sólo me consideraba un artesano (no necesitaba más «estatus»), pero había comenzado a incursionar más seriamente en el dibujo que antes; era la época cuando el dibujo y grabado habían desplazado a la pintura de los escenarios de arte. Ocurrieron las bienales americanas de arte, el dibujo era furor… Y así me interesé más en la cosa.

Por entonces, mi hermano Iván era jefe del Departamento de Bellas Artes de la entonces Facultad de Humanidades, y él se iba a vivir a NY con la esposa Alina, y me insistía en que yo entrara como profesor, aunque yo nunca quise. Y así me hizo nombrar (hoy en día ¡un nombramiento así es impensable, jaja!). Pero nunca me acostumbré a algo para lo cual no estaba hecho. Soporté 13 años que se me hicieron terribles (¡en serio!), hasta que decidí renunciar en 1991, y me volví trabajador independiente (¡pésimo negocio!).

Es la primera vez que comparto esto con alguien…

Anuar Astudillo Astudillo: Tremenda historia de vida Maestro… Afortunadamente pude aprovechar algo de sus saberes como alumno en esos talleres de dibujo, que para mí fueron las mejores clases que tomé en la facultad. Esos martes o miércoles (no recuerdo exactamente) que nos encerraba a dibujar de 2:00 a 6:00 pm., incluso en ocasiones seguíamos un buen rato más…

Creo que usted y yo somos muy parecidos en cosas como las que menciona. Nacimos como un siglo, o más, después de lo adecuado para nosotros. Deberíamos haber sido los aprendices de un oficio artesanal que luego ejerceríamos durante toda la vida en un taller parroquial. Tal como entiendo se daba hasta los inicios del siglo XX.

A mí siempre me ha llamado la atención la madera y el metal, creo que habría sido un juicioso tallador, carpintero, herrero u orfebre…

También siempre peleé con la academia tradicional, y lo que he aprendido ha sido más bien como autodidacta.

RVQ: Muchas gracias… Sí. Yo no soy doctor, no tengo ningún título profesional, no me considero «maestro» en nada, y en las pocas cosas que «sé» soy totalmente autodidacta, no más.

Y, claro, en eso nos parecemos algo, porque los asuntos que de verdad me interesan no se aprenden en ninguna universidad…

Anuar Astudillo Astudillo: Adicionalmente cargamos con el pecado original de haber nacido en este villorrio. Sus vuelos eran más como para nacer en Europa, en alguna de las grandes capitales del arte. Y a mí, me debieron poner en el Valle de California donde esta Sillicon Valley o en cualquier capital del primer mundo donde se requiera Software de verdad, no es estos países del tercer mundo donde la automatización son meras palabras…

Mejor dicho, ¡somos unos desubicados en tiempo y espacio!

RVQ: Tal vez… Pero en Popayán, Colombia, una ciudad perdida en el macro-mapa del cosmos, estamos en una «latitud» donde un tiempo por demás pasivo nos ha hecho buscar otros vuelos a la imaginación.

Los rubores del atardecer… allá, muy lejos, nos llaman… Y hay como una música distinta, enajenante en todo eso.

(Imágenes: la «cenefa» en cuestión, y una de las sillas que hacíamos en el taller con mi papá, tallada en cuero por RVQ).


Origen de textos e imágenes: https://www.facebook.com/rodrigoalberto.valenciaquijano

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