¡ALCALDADA!


Me han preguntado si la antigua casona, ubicada en el costado occidental de la Plaza central de Tunía, en el parque Simón Bolívar, hace parte del patrimonio arquitectónico y cultural del Municipio.
La pregunta en cuestión estaba y está motivada por varias razones, entre otras porque según el mismo ciudadano, se ha adjudicado un contrato para demoler la parte que ya se había caído meses atrás. Lo que ya de por sí, suena mal, como si se tratara de uno de los tantos entuertos que se inventan para desgreñar el magro presupuesto municipal.
Pero más allá del sacabuche y entuerto que parece albergar el tal asunto lo que está en cuestión es si, habiendo sido esa edificación la primera alcaldía municipal no merecería una estima mayor y preocupación POR conservarla, restaurarla y darle un uso cívico como es debido, testimonio vivo de nuestra historia municipal.
Años atrás, trece exactamente, los que ahora se quejan no fueron capaces como miembros del Concejo Municipal de dar vía y curso al reconocimiento del patrimonio cultural del municipio que significa el casco histórico de Tunía, ni siquiera teniendo en sus manos el proyecto de acuerdo para reconocer como tal los vestigios fundamentales de nuestra municipalidad.
En fin, para no llorar sobre la leche derramada, le corresponde perentoriamente al Consejo Municipal de Cultura, tomar cartas inmediatas sobre el asunto y ojalá que así lo haga. Porque los vecinos acudieron prestos a desvencijar lo poco que había quedado dando muestras que tampoco tienen una estima social para preservar y defender lo que les pertenece.
Un buen día, el cura de la Capilla doctrinera del Bohío en Toro, Valle, aprovechando el vendaval de 1984, y que arrojó al piso el techo de la capilla, y en contubernio con las sombras de la noche fue metiendo en su vehículo parte de las imágenes que allí todavía reposaban. Las hermanas Zabala y los vecinos lo pillaron in fraganti, y hasta que devolvió las reliquias no lo dejaron moverse. Meses después con apoyo del gobierno nacional, pudimos recuperar la iglesia que bien sirve de sitio de turismo y de identidad a esos habitantes.
Esperemos que de algo sirva el llamado y este gobierno muestre sensatez y piense más allá de las narices sobre el particular.



