Al otro lado del Arauca vibrador


Foto: Verdad Abierta
Al otro lado del Arauca vibrador
Por: Jaime Cárdenas
Yo vide una garza mora
Dándole combate a un río,
Así es como se enamora
Tu corazón con el mío.
Simón Díaz.
Al primer antibolivariano lo conocí en el colegio saliendo al recreo, después de la clase de sociales del quinto b. El profesor Cortés, a quien El Breve, el campeón de los apodos bautizó como El Bollo Negro, había hecho una corta alusión a la campaña libertadora. Fue entonces que el cojo Henao, a la entrada de la tienda preguntó: ¿Dónde nació Bolívar? En Bogotá, se apresuró a responder el mellizo Rodríguez, bruto, como su hermano. El cojo Henao le dio severo coscorrón y dijo: Simón Bolívar nació en Caracas, en un potrero lleno de vacas, las unas gordas, las otras flacas, las otras llenas de garrapatas.
No fue más nuestro encuentro con Venezuela salvo la alusión al parque y la imagen de Bolívar en las monedas. Por esos años oí que Bolívar era el fundador del partido conservador y Santander del liberal. De Venezuela nada se decía. Después simplemente oímos que muchos colombianos y colombianas se iban a Venezuela a ganar en bolívares: eran trabajadores del campo, mecánicos, técnicos. Al grupo se unió una ex reina universitaria e ingeniera de nuestra universidad: su majestad Patricia I, La bella Machaca.
Ocasionalmente la prensa y la radio hablaban de la cadena de radio Capriles cuyos propietarios lanzaban expresiones contra Colombia. Pero Venezuela realmente estuvo siempre presente en nuestro país, con su música, especialmente en diciembre, en todos los diciembres. A golpe de radiola y de discos de acetato de 33 revoluciones, Colombia bailó las novenas y las nochebuenas con la Billo’s Caracas Boys, con La Casa de Fernando y con la Boquita Sala, que la encuentro aun hoy deliciosa. Por esta orquesta pasaron Felipe Pirela, Oscar de León – el mismo de la antológica Llorarás-, toda una institución musical de América Latina. Y para complementar la buena música que emigró pasando el Arauca no tardó en llegar Nelson y sus Estrellas.
Ya en tiempos del agite arriba en el mismo formato del Long Play la gran Soledad Bravo. (Por esos días leímos a Rómulo Gallegos, a Garmendia, a Uslar Pietri, todos muy buenos, lamentablemente es grande nuestra ignorancia sobre la literatura venezolana).
Y continuando con la música de Venezuela, en alguna larga sesión de música al vivo concluimos que su riqueza era inmensa, todo gracias a Javier Apraez, cantautor pastuso, uno de los mejores de Colombia, quien pasaba del cuatro llanero a la guitarra, y nos llevaba hasta la fértil tierra de Bolívar señalando un territorio inédito con sus acordes y su canto.
Fue entonces que apareció en escena Chávez. Sólo en ese momento tuvimos conciencia de Venezuela. Un terremoto Chávez, despertó a los dormidos pueblos de Latinoamérica. Como en el poema de Neruda, con él despertó Bolívar. Su paso fue fugaz, pero dejó en los venezolanos un camino abierto, inconcluso, apenas iniciado. Quiso que su patria no fuera de los Estados Unidos, se les enfrentó. En la ONU dijo, con su particular estilo, que uno de sus genocidas había dejado en su reciento un insoportable olor a azufre. El mundo celebró su humor y se congració con la verdad. Lo destituyeron, su pueblo lo fue a buscar y lo volvió a subir. Ocho días lo lloró cuando murió. Dio la mano a los negros de Harlem, fue amigo de los palestinos, quiso un mundo más justo. El imperio quiso matarlo, quién sabe si lo consiguió con la medicina. Muy pocos se han enfrentado al Imperio como él. Lula lo hizo y se arrepintió, lo mismo que Mújica. Petro siempre ha sido aliado de los Estados Unidos. Árbenz en Guatemala, Torrijos en Panamá, Evo en Bolivia, Fidel y el Che en Cuba, demostraron que no era justo que los Estados Unidos tuvieran a este gran continente como su hacienda, y que no podía aceptarse que pusieran a los presidentes como quien nombra a sus capataces.
Y de su lucha obrera y de su bus bajó Maduro, recrudeciéndose las sanciones de los gringos y sus aliados. Allá en los bancos de Londres están los cientos de toneladas de oro venezolano que dice el imperio inglés que les pertenece, nunca han dejado de ser filibusteros y piratas. Vino también el despilfarro, la corrupción que siempre se sube en el mismo tren del progresismo. Y apareció el presidente Guaidó. Cuando se lo recuerda, es difícil encontrar al que no esboce una sonrisa ante tan despreciable payaso. Y salieron y aquí llegaron miles de venezolanos y venezolanas, algunos, personas de grandes cualidades. Otros, muchísimos, delincuentes de gran sevicia, hijos de la descomposición de la sociedad del capital en medio de su carnaval del petróleo, sujetos a quien se protegió desde Colombia, país que abiertamente ha intervenido en contra de Venezuela.
Decide el pueblo venezolano si va para los lados de Milei y así opta por el suicidio o continúa con el progresismo de Maduro, con sus tintes autoritarios, con Maduro que cada vez está más cerca del neoliberalismo. Les corresponde a los venezolanos decidir. La construcción de una democracia avanzada es una tarea ardua, compleja, pero no hay otra alternativa.
El poder, los gobiernos nos ha desunido con Venezuela. Nos unen lazos indestructibles: nuestra historia común, la música, nos une una inmensa frontera, los ríos, el hermoso río Arauca, la cultura llanera.
La gran mayoría de los gobiernos occidentales y sus agencias de prensa, se han conjurado contra Maduro, olvidándose que hay un principio en sus constituciones que tiene significativa grandeza y resuena con una fuerza nunca extinguida: la autodeterminación de los pueblos.
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