AL HILO DE LA COMETA



En el valle del Olimpo Georgina Cuartas va con el cordel guiando su cometa. Y el viento le obedece. Ondea sus colores y sonríe a la par con ella mientras gira y cabecea en el aire sobre el azul y la nube. Esa es la vida de esta dama que creció sin dejar de ser la niña que teje sueños y suelta su lengua que – socarrona – inventa travesuras.
La cometa de Georgina está hecha de palabras de colores. Cada día la echa a sus espaldas y sale como una juglaresa medieval a elevarla por los caminos de Chinchiná, Manizales, Medellín, Frontino, Palmira, Lima, Miami o Punta del Este. No habla inglés pero habla poesía, risas y fabrica como una sibila historias de billetes, de amores furtivos, de ovejas blancas y negras y de casas encantadas de abuelos y de hadas.
La vida de Georgina Cuartas se parece a los cuentos de Shariar con Sheherezada. Ella es capaz de pasarse noches enteras hilando cuerdas para su cometa y luego echarla a volar delante de sus admiradores. Verán ellos pasar versos consonantes por el aire, cruzarán ruiseñores, árboles, ríos, recuerdos de infancia, nochebuenas y muchos terminarán en mentirijillas piadosas.
Georgina ha ganado en su periplo del quehacer poético, premios, aplausos, carcajadas y millares de amistades. A más de sus libros publicados, su risa ha hecho derretirse muchas veces de regocijo a quienes la hemos oído desgranar sus inocentes pilatunas con novios recientes muy acaudalados. Empieza ella con gracia a soltar el hilo de su charada y solo al final el telón cae y deja ver la cometa en su punto más alto. No era Jorge, el desconocido amor, sino muy otro el fementido novio.
La gracia y el candor son los principales ingredientes de la poesía de esta versada poeta chinchineña. El rojo de sus cafetales, el azul de su cielo, las aves que lo pueblan y el cristal de su río sirven de pedestal para las caras multicolores de su cometa. Sus versos nadan en mansas aguas fácilmente en cualquier latitud porque están hechos sin pretender escalar el Everest ni sobrepasar los límites del Parnaso griego. Veremos estrellas fugaces, amaneceres esplendorosos o ranas que le croan a los ciruelos. Nada de imágenes oscuras, figuras encriptadas o metáforas inescrutables. La sencillez de su estilo es su mejor sello.
Quien conoció antier o ayer a esta dama o la vuelva a ver pasado mañana la encontrará como el agua pura y fresca de un lago coronado de lotos. Su conversación, su gesto, su talante, su cercanía mostrarán su diafanidad, recato y amistad. Las palabras delirio o desvarío no las usará para reprobar acciones propias o ajenas sino para expresar el cambio de rumbo hacia las cosas bellas. Su lenguaje es directo y no rebuscado. En ella la poesía no tiene recovecos ni ensenadas escondidas. Los mundos que recrea son sus sueños que los hace palpables en sus versos.
El nuevo poemario de Georgina será una cometa que sus amigos verán colgado en el espacio que la amistad escoja: encima de la mesa, en el lugar de los seres queridos o en lo alto de los recuerdos compartidos que ella nos ofrece en cada poema.



