AL ENVÉS DE LA NOCHE (Gloria Cepeda Vargas)
Del vientre de una noche adolescente
me derramé sobre la tierra en flor
suenan como violines mis huesos renovados
en la melancolía
de este tablero a cuadros
que ruge en la leona parturienta
y busca la salida.
Rama crujiente
donde construye el nido
un pájaro sin plumas
escama superpuesta
en los rincones líquidos del día
perro sin amo
que disputa a mordiscos
su ración milenaria
neutrón y levadura
en el mapa borrado del abismo.
Me tallaron los vientos
del primer aguacero
camellos confundidos con la arena
cruzan indiferentes
una canción
de greda y organillos
me requiebra
desde el azul helado
de una violeta convertida en puma
¡Son tantas las monedas circulantes
en manos ya sin sombra!
Por eso las maletas
abiertas y cerradas tantas veces
desvelan a esa niña que me espía
detrás de la ventana.
SÉ
Sé que éste no es el solo manuscrito
ni el final de una historia que se vierte
sobre lo que se calla y lo descrito
en la altanera siembra de la muerte
o en la resurrección del nacimiento
que hace al humano vulnerable y fuerte.
A las puertas estoy. Es el momento
de cruzar el dintel iluminado
sin negación y sin remordimiento.
Atrás quedan el campo limitado
la ignorancia del propio desatino
el habitar en lo deshabitado.
Queda el aire febril, queda el camino
desandado mil veces y mil veces
vuelto a empezar en buscar de un destino
sublimado en las uvas y en las mieses
porque es humano el desconocimiento
y la altivez es deuda que con creces
se paga con trabajo y sufrimiento
en una rezumante dentellada
de ácida luz e inútil movimiento.
Sola voy con el ánima cansada
presta a calzar la nueva vestidura
que ha de ser mi cobijo y mi morada.
Adiós cárcel de pátina más dura
que el pedernal. Camino de otra estrella
voy con mi desazón y mi cordura
del polvo al mar, del barro a la centella.
Gloria Cepeda Vargas



