ADOLFO TORRES, «SANTORAL»


Entrar allí es acordar un lenguaje de brumas, iniciar un despeje de cortinas, retornar al niño o anciano que hay en nosotros, y que se busca en memorias ahumadas por el tiempo, pero que perduran en nuestro interior, ya seamos personas de fe, creyentes, o quizá acendrados escépticos.
Al menos, en muchos de nosotros persiste esa sensación «sagrada» que otrora nos inclinaba hacia un mito trascendente: los santos ocupando nichos devocionales, espacios para un ritual de adoraciones, folclor personal para peticiones, miedos y promesas.
Me refiero a la exposición pictórica de Adolfo Torres Rodríguez, que está actualmente en la Casa Museo Guillermo Valencia de esta ciudad (Popayán), frente a la biblioteca del Banco de la República.
Entrar allí es encontrar imágenes del itinerario devocional en esos cuadros. Están los santos de nuestro entorno ancestral, y también otros foráneos. Mirarlos es como abrir un libro viejo de oraciones para el santo preferido, deshecho por el manoseo incesante, que de tanto alumbrarlo terminó con el tizne de hollín en su fisonomía.
Los retablos se cierran y se abren como salvaguarda de creencias que, lástima, solo viejas generaciones conservan en su imaginario cultural. Los tiempos actuales han desplazado esos ritos de intimidad, y quizá por eso uno entra a esta exposición a encontrarse con la desfiguración de esos íconos religiosos, porque el lenguaje ya muy experimentado del pintor los ha dejado como en la inclemencia del tizne; una oscuridad los cubre, les niega el intento de la evidencia.
Experiencias ancestrales vinieron desde siglos a nosotros; el tiempo, la reflexión y la duda las transfieren muchas veces al trasmundo de las fantasías superadas, que no son recuerdos inútiles sino un fondo arraigado en nuestras almas, desde donde asoman su llamada mística y barroca, oratorio que mirará siempre entre sombras. Y puede que ese mirar sea un recordatorio de preguntas provenientes del linaje sacro, ese que siempre será como un cirio implorante para este «valle de lágrimas» en que transcurre la vida.
RVQ



