¡ADIOS GUERRA: TE VÍ!


Amables lectores, ustedes y quien esto escribe, en primer lugar demos gracias a Dios por habernos dado esa única oportunidad valiosa y feliz en la historia de Colombia, de estar asistiendo desde el miércoles 24 de agosto de 2016 como testigos de excepción, al fín de la guerra que duró 52 años con las Farc. Increíble, pero cierto. Parece un sueño, del cual apenas estamos despertando, pero es la mejor noticia de este año, sin lugar a dudas, la cual parecía demasiado lejana, imposible de comunicar a los cuatro vientos y al mundo, desde marzo de 2011 (hace casi cinco años), cuando Jaime Avendaño y Alejandro Ever de parte del presidente Santos se reunieron con Ricardo Téllez y “Alejandro París” de las Farc en una primera reunión exploratoria. Desde esa fecha se comenzaron a dar los primeros pasos de un proceso de diálogos, en total 48, que a primera vista parecían condenados a fracasar, pero debido a la tenacidad, perseverancia y paciencia tanto del presidente Santos como de los demás integrantes de las comisiones del gobierno, de las Farc y los países garantes (Cuba y Noruega) y acompañantes (Venezuela y Chile), al fin dieron el fruto más preciado, el de la paz, el cual desde ese importante día, cuyas semillas ya comenzaron a germinar por doquier en los cuatro puntos cardinales de nuestro país, dándonos un poco más de tranquilidad y sosiego.

En segundo lugar, congratulémonos mutuamente y démonos la paz de tú a tú con alegría, porque hemos pasado ya “la horrible noche” de la barbarie y la violencia, cuando en vez de dialogar en forma civilizada como lo hicimos en los últimos cinco años, los colombianos nos “matábamos” entre hermanos, en un frenesí perturbador que llenó nuestra patria de sangre y dolor. Esos 52 años de violencia produjeron en Colombia consecuencias imposibles de olvidar como por ejemplo: 6 millones de desplazados, 490 mil víctimas de violencia sexual, 220 mil muertos, 21 mil secuestros, 25 mil desaparecidos, 100 mil minas y pare de contar.
Esa triste página de la guerra, debemos reemplazarla por la página de la paz y de la esperanza, y ahora nos toca a los colombianos darle el visto bueno a lo acordado en La Habana, preparándonos para el plebiscito el próximo 2 de octubre, refrendando lo acordado. Si los negociadores invirtieron casi 5 años de su tiempo, preparando el acuerdo del fin del conflicto entregado en La Habana, representado en 200 páginas, a los colombianos nos corresponde solamente marcar un SÍ, en un segundo, si queremos darles a las nuevas generaciones de colombianos la nueva Colombia que les corresponde como una herencia preciosa de paz y tranquilidad. A la hora de votar, pensemos sobretodo en nuestros hijos, en los niños y niñas que merecen otro destino y otro país. A nosotros nos correspondió vivir esa época aciaga llamada violencia y la guerra. A ellos les corresponde otro destino, otro país diferente y en paz.



