Aborto ¿Ignorancia o negligencia?


El Tiempo registra en su edición del miércoles 2 de septiembre “El perdón del papa Francisco a las mujeres que han abortado” y la Conferencia Episcopal Colombiana apunta: “Esta decisión no abre la puerta a ningún tipo de aborto, pero facilitará brindar la sanación a muchas mujeres”.
Palabras como misericordia o sanación, adoban la decisión pontificia, calificada como aperturista. El mismo entorno oscuro, el mismo aire irrespirable. Parece que el cuervo aposentado en siglos de machismo y atraso, todavía graznara en su cueva impenetrable.
Sé que es aventurado decir lo que se piensa en este caso. Son muchos y muy poderosos los subterfugios convertidos en axiomas que blindan un acto tan visceral, tan propicio a los abusos, tan complejo y sobre todo tan ajeno a la comprensión masculina, como es el aborto. Solo el sujeto conoce el objeto. Ahí no encuentra cabida cómoda la opinión del varón, sean cuales fueren su investidura, instrucción, talante, dinero o poder. Sencillamente, las leyes biológicas –anteriores a las imposiciones culturales- en lo que a esto concierne, devoran o glorifican de manera implacable, solo a la mujer.
Y sin embargo, jueces de todo jaez, osan hablar. Y creen que lo hacen en derecho. Y dictan sentencias, absoluciones o condenas. Es decir, no sueltan el tramojo incurriendo en leso pecado de ignorancia y por ende, de error que, de ser evaluado, haría temblar hasta las piedras.
El papa Francisco es el único aire fresco colado por siglos en un recinto hermético y entiendo lo limitado de su posición en ese fortín pétreo donde toda contradicción tiene cabida. Pero es tan acumulativa y bien tramada la capa de infundios que nos cubre, que le es casi imposible desembarazarse de su peso aplastante.
Al excomulgar a uno solo de los autores del aborto, se tambalea la balanza. Un tufo a medioevo, a oscurantismo interiorizado, a murallas del alma, se percibe. El aborto no puede funcionar como un método de planificación pero tampoco la mujer puede seguir siendo comodín de desafueros masculinos o máquina reproductora, con el silencio cómplice de la sociedad.
Entre tanta leyenda con categoría de verdad revelada, la más incomprendida y deshumanizada, por dictámenes biológicos y sofismas culturales, es el aborto. Sangrienta encrucijada donde la mujer se debate en soledad. Encarnación de la infinita limitación humana, no es infracción imperdonable cometida por nuestra flaca condición. Si acaso solo un mentís a la decencia canonizada o una máscara de la hipocresía y arrogancia que no nos dejan caminar.
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