Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026

A vuelo de plumas (1)

A-vuelo-de-plumas
A vuelo de plumas (1)
A vuelo de plumas (1)
Foto: OLX

A vuelo de plumas (1)

Donaldo Mendoza

La patria y los días (1971) –volúmenes 5 y 15– es una antología de crónicas de escritores colombianos nacidos entre 1879 y 1910. Hace parte de la colección popular Biblioteca Colombiana de Cultura, aquel ambicioso proyecto editorial de Colcultura, década del 70, cuyo fin era robustecer con libros de rústico formato, pero bien editados, nuestra identidad cultural y literaria; aparte de acerarnos a varios clásicos de la literatura universal.

El propósito de este artículo es presentar una muestra breve del periodismo colombiano hasta la década setenta (s. xx), con los autores más representativos de la crónica; subgénero que pone el periodismo en tránsito hacia la literatura, dado que comparten intemporalidad, lozanía y actualidad, gracias al encanto del estilo.

Dicho lo anterior, lo que sigue es un selecto compartir de textos de periodistas convocados para esta primera entrega. Intento con ello tender puente entre los abuelos de la máquina de escribir y los nietos de la magia virtual; con base en un instrumento común: el lenguaje y el estilo. Tomás Rueda Vargas (Bogotá, 1879 – 1943). En su crónica “La Sabana”, Rueda Vargas dibuja en castiza prosa el paisaje sabanero de Bogotá. En un pasaje vindica la obra «El Moro» (1897), de José Manuel Marroquín (1827 – 1908), novela autobiográfica que narra en primera persona la historia de un caballo, con sus alegrías y pesares en el campo, hasta el azaroso tránsito a la ciudad.

Tomás Rueda Vargas trae a la memoria el injusto olvido de que han sido objeto algunos escritores y artistas, cuyas obras fueron plenamente reconocidas cuando sus autores ya no eran de este mundo. Mucho se recuerda, por ejemplo, la infortunada valoración que hizo André Gide de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, el monumento literario que patentó un espléndido momento en la historia de la novela moderna. Esto dice Rueda Vargas de la novela del colombiano:

«El Moro es la obra capital en relación con la Sabana y uno de los libros más bellos, completos y armoniosos de la literatura nacional al cual las pasiones políticas amontonadas sobre la cabeza de su amable autor, si no han llegado hasta restarle mérito, sí han logrado hacerle pasar por cosa de poca monta, y al fin ha venido a quedar en la penumbra hostil de un malévolo olvido».

Otro autor de afable recuerdo, en virtud de su vasta cultura, es Antonio Panesso Robledo (Sonsón, 1918 – Bogotá, 2012). Su crónica es sobre lo que más sabía hacer, leer: «Si en el leer se pone la capacidad espiritual entera del lector usándola a toda presión, lo natural es que la lectura avance llevada a la vez por la triple fuerza de la percepción de lo estructural, de la interpretación y de la crítica, simultáneamente, como corresponde a la unidad de la vida mental».

Roberto García-Peña (Bucaramanga, 1910 – Bogotá, 1993), en una columna dominical de ‘Rastro de América’ registra el paso ardiente del verso de Neruda: «Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas/ mientras la noche azul caía sobre el mundo…/ Después todo fue claridad, y de nuevo la alegría de la certidumbre».

**************************

Otras publicaciones de este autor en:

Donaldo Mendoza

Articulos relacionados