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Jueves, 1 de octubre de 2026

A sanpedriar

A sanpedriar - bambuco

Diogenes Diaz Carabalí

Me voy de San Pedro y San Pablo. Me gusta más el anterior nombre, porque lo de “Fiestas del Bambuco” nunca ha sucedido, la “Banda de los borrachos” lo que menos tiene en su repertorio es sanjuaneros; les he escuchado “la pollera colorá” o, “Quien pudiera tener la dicha que tiene el gallo / el gallo sube, / echa su polvorete, / racatapun chin ching / y se sacude”. El pobre bambuco está en los museos, en las intenciones, en el rezo de tradiciones insurrectas, enterrado en la memoria indigesta de los viejos, y eso.

Sanpedriar es más vacano. En Gallego nunca hubo bambucos. “Bovea y sus vallenatos” y “Buitraguito” ponían desde sus acetatos la alegría al trozo de asado con arepa oreajaeperro, guarrús y mistela, bebida jarabe hecha con aguardiente, hojas de mejorana, limoncillo y bananas marca colombina. Eso era lo típico del San Pedro y San Pablo, sin que sufriéramos complejos de patriotismo, sin que nos arredrara que nos llamaran montañeros, o arracacheros como despectivamente nos designaban las vendedoras de sancocho de la galería de La Plata.

De eso poco ha cambiado. Hemos pasado por los hispanos, los graduados, Pastor López, y en época más reciente el Grupo Niche. Ahora vallejarto al piso, y en los pueblos Lisandro Meza el macho para recoger polvo. El San Pedro no es folklor, se ha construido en la juerga, en la celebración, en la bonanza que da la cosecha, la que permite unos billetes para engordar el marrano, comprar aguardiente y asegurar una radiola, hoy equipo de sonido. Lo típico es la celebración, el motivo que tienen los padres para permitir que las chicas asuman papel de reinas, los séquitos que acompañan, los disfraces que se arman y el afán de mostrar que se vive una alegría desbordada. Ni siquiera el Sanjuanero es tomado en su justa medida; sino que se ha constituido en manifestación de academia involucrando todas las esferas con trajes caros y pasos inventados por bailarines profesionales.

Lo que vale es la tradición construida con el tiempo, herencia milenaria, ni siquiera ventilada por los españoles pues el día más largo del año, el Inti Raymi, era ya celebrado en las culturas nativas, favorable coincidencia con las celebraciones religiosas de España en honor a San Juan, San Pedro y San Pablo, como para reunir una semana de fiestas porque había que casar a todas las hijas. Los negros ridiculizaron los bailes clásicos mal interpretados por los señores de la conquista, y los tres terminaban jinchos de la pea, para decir que todos tenemos que ver con la celebración, por eso, a pesar del tiempo, el San Pedro nos llama, se mantiene, se financia, se negocia.

El San pedro y San Pablo es la fiesta del mestizaje. La interculturalidad se hace presente sin rencores, en el remanso del olvido a la desgracia que significó la conquista, la imposición de una cultura agresiva sobre otra cultura vencida; es la conjunción de la oportunidad para mirar con retrovisor a los constructores de una nacionalidad que no la propusieron sino que la implementaron. Por eso permanece, por eso también es infiel. Por eso, a veces, es caricatura de otras esferas. Pero en su esencia se mantiene por ser carnavalesca, por ser la oportunidad de reírnos de nuestros aciertos y de nuestras equivocaciones. Es el mejor mecanismo para ridiculizar nuestras extravagancias.

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